El ser humano posee una enorme capacidad de adaptarse a los cambios, inclusive si no está preparado para los mismos o si no los desea… simplemente puede adaptarse a lo que sea. Ese poder de adaptación es lo que permite al hombre vivir en países con climas diferentes al de su país de origen, realizar labores que no conocía previamente, relacionarse con personas de cultura distintas a la suya, Etc. Pero, cuando una persona se muestra incapaz de asimilar los cambios, no respeta las reglas, o incurre en violaciones constantes a la ética y a los buenos modales, posiblemente necesita ayuda para adaptar su conducta a su nueva realidad. Las conductas desadaptadas se muestran en personas que insisten con sus acciones en llevar la contraria a lo que sucede en su entorno, por lo regular ellos mismos sienten que no encajan en dicho ambiente y llegan a causar incomodidades a los demás. Veamos unos ejemplos: Un niño que asiste a la escuela y se resiste a participar de las actividades y muestra total desinterés por realizar las tareas asignadas a él y sus compañeros, tampoco muestra interés en compartir con otros niños y prefiere mantenerse aislado o en ocasiones causar perturbaciones en el ambiente. Otro ejemplo es el de una persona que obtiene un nuevo empleo y no logra ajustarse a las normas establecidas, se muestra renuente a llegar puntualmente o cumplir con sus responsabilidades. Por lo regular incurre en conductas que son rechazadas por los demás y puede tener agravantes como las adicciones.
23 de agosto de 2020
19 de agosto de 2020
Temperamento: ¿Aprendido o Heredado?

11 de agosto de 2020
Flexibilidad de carácter.

6 de agosto de 2020
Cambios conductuales anormales en la adolescencia.
En la sociedad moderna es común encontrar familias que piensan en concederle a los hijos adolescentes un tipo de libertad para actuar y decidir que suele acarrear consecuencias indeseables si no se toman precauciones al respecto. Aunque siempre es conveniente confiar y demostrar confianza a los hijos, sobre todo cuando estos alcanzan la pubertad y llega el tiempo en que deben salir por ellos mismos a cumplir asignaciones escolares o universitarias, su primer empleo, compartir con sus amigos, Etc. Lo que debemos mantener presentes es que ellos todavía carecen de la experiencia y sabiduría necesaria para descuidarlos y permitir que tomen el rumbo de sus vidas sin la orientación adecuada. No todos los padres tienen el tiempo para participar en todas las actividades de sus hijos, tampoco todos poseen los recursos para asignarle un tutor especializado en cada área de la vida, pero todos sin excepción podemos aprender a vigilar las conductas de nuestros vástagos sin pecar de controladores. Existen algunas señales que no debemos obviar si se presentan en forma de cambios conductuales de los jóvenes cuando salen a conocer la vida por ellos mismos y sin nuestra compañía: El parecer perturbado o asustado. Evitar el contacto visual o no hablar sobre sus experiencias del modo acostumbrado. Mostrarse inquieto, tímido, deprimido o retraído. Manifestar inseguridad o baja autoestima. Presentar problemas para dormir. Cambiar repentinamente de estado de ánimo o humor. Alteración de sus patrones alimenticios. Si cualquiera de estas señales se presenta en la conducta de los adolescentes, lo lógico y normal es que observemos detenidamente la frecuencia con que ocurren y si están acompañadas de otras señales aquí compartidas o aun de otras que no hemos mencionado pero que usted como padre o madre sabe que no se corresponde con el accionar de su hijo o hija. Siéntese a conversar calmadamente con él o ella, sin exigencias ni reclamos, sino con calma y tranquilidad, exprésele abiertamente lo que ha observado e indague qué puede estar molestando al adolescente. A menudo una conversación de padres a hijos es suficiente para mantener una excelente comunicación y evitar situaciones molestas futuras. Si no logra obtener resultados y le preocupa lo que está observando en la conducta de uno de sus hijos, quizás es tiempo de consultar un profesional de la conducta para recibir una orientación más adecuada. Mantengamos presente que los jóvenes necesitan apoyo, compañía y orientación.
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