Oímos con frecuencia a gente decir que: "Una cosa es oír y otra cosa es escuchar". Incluso, hay quienes defienden hasta el fin la supuesta diferencia entre dichas palabras, a lo cual no le veo mucho sentido. Lo primero es que no existe una sola manera de escuchar sin oír. Escuchar, según el diccionario, es "prestar atención a lo que se oye". Entonces, está claro, no se puede escuchar sin oír. Sería distinto si existiera una palabra con la cual denominar a la acción de oír sin prestar atención, pero, no existe una palabra con ese significado y por lo tanto no puede diferenciarse entre el oír y el escuchar. Algo similar ocurre cuando, en el ámbito de la medicina, se usa el término "auscultar" para referirse a la acción de oír el sonido de los órganos internos de una persona, sea mediante el uso de un estetoscopio o aplicando el oído en el cuerpo de esa persona, a fin de examinarla. Aún cuando la auscultación requiere que el auscultador pegue su oído al cuerpo que examina o use un aparato para llevar a cabo dicha acción, lo que está haciendo es oír. Pues hasta en casos específicos como el de la auscultación y en cualquier otro caso, oír es un término que se emplea de manera general para referirse a la percepción auditiva.
Oír es "percibir con el oído los sonidos". Para escuchar también se usan los oídos, es decir, es la misma acción. Ahora, si se quiere hacer énfasis en que cuando prestamos atención a lo que estamos oyendo "puede" denominarse escuchar, no sería algo incorrecto. Pero, escuchar no es algo distinto a oír, sino, que está contenida una palabra dentro de la otra. En ese sentido, si se pretende utilizar una frase alegórica al significado estricto de dichos términos, habría que decir algo como: "Escuchar es oír prestando atención". Así se respeta el sifnificado real de la palabra oír y no se infunden confusiones en los demás. Otra cosa, tampoco es incorrecto decir: "Presto atención al oírte", sin que haya la necesidad de mencionar la palabra "escuchar". Lo aclaro para que no se vaya a creer que cada vez que se presta atención es porque estamos "escuchando" o realizando una acción distinta a oír. El prestar atención es una acción mental, se refiere al grado o nivel de concentración que ejercemos en una determinada acción. Por ej. La gente puede observar algo, prestando atención; puede olfatear un aroma, prestando atención; o, simplemente puede prestar mucha atención a sus pensamientos o recuerdos. Me voy más lejos: a menudo alguien está inmerso en una tarea que requiere mucha atención y otra persona le habla acerca de un tema cualquiera, a veces sucede que la primera persona no recuerda lo que esa otra persona le dijo, pero, muchísimas veces sí lo recuerda y sabe exactamente hasta en el tono en que lo dijo. Es que el cerebro tiene la capacidad de retener las cosas, hasta cuando no se está prestando atención voluntariamente. Ahí radica la importancia de tener claridad mental y mantenernos alejados de las confusiones. En conclusión: utilizar indistintamente los términos "oír" y "escuchar"es lógico y coherente. Porque escuchar es oír.31 de enero de 2015
16 de enero de 2015
La sabiduría que da la experiencia.
Si un hombre cree tener en su mente todas las respuestas de manera absoluta,
probablemente no tiene una sola respuesta verdadera.
El ajedrecista promedio busca realizar sus mejores
jugadas; el ajedrecista pesimista busca defenderse de las jugadas de su rival;
el buen ajedrecista contempla el tablero en su totalidad: estudia las
posibilidades de su oponente y medita fríamente todas y cada una de sus propias
posibilidades antes de hacer su próxima movida.
Aprender de los errores cometidos, para no volverlos a cometer, se llama
experiencia; Lamentarse por los errores cometidos, y no aprender nada de ellos,
se llama tragedia.
No existe manera de que hubieras hecho las cosas diferentes a como las
hiciste en el pasado; La persona que eras entonces, fue quien eligió el camino
que en ese instante consideró el más adecuado.
4 de enero de 2015
Gente que no entiende a la gente.
Los niños nacen seres humanos perfectos, por eso te exhorto a que nunca
dejes de ser niño. Nacemos diseñados para alcanzar el desarrollo humano en toda
su potencialidad. A veces los padres comienzan a construir barreras en torno al
niño, pretendiendo cuidarlo, queriendo que su hijo sea lo mismo que ellos son, sin
darse cuenta que están aniquilando su esencia, su desarrollo, su autenticidad,
su futura emancipación. Los que así proceden, un día miran decepcionados al
hijo que ellos crearon, pero siguen sin darse cuenta que han sido ellos los
causantes de la falta de plenitud exhibida por su descendiente. Ese es el tipo
de gente que no entiende a la gente.
Que tengas más y más... tranquilidad.
Desde que nacemos buscamos instintivamente aprender más y más. Siempre llegaremos
a tener más de lo que tenemos. Estará bien si tenemos más si ese más incluye la
tranquilidad. Así que si tener más de las otras cosas significa que también
tendré más tranquilidad, entonces todo está bien. Que venga más y más. Más fe,
más salud, más amor, más prosperidad… que venga todo lo que contribuya a la
permanencia y crecimiento de la tranquilidad.
27 de diciembre de 2014
Epicuro de Samos y el epicureísmo.
Epicuro de Samos (341-270 A.C.) fue un filósofo griego de la era helénica.
Fundó la escuela El Jardín, cuna del epicureísmo como doctrina filosófica,
alrededor del año 307 A.C. Fue el primer filósofo que aceptó a las mujeres como
alumnas de su escuela como parte de la regla y no como una excepción. También
admitió a los esclavos como miembros de la misma, propugnando la igualdad entre
los hombres. La doctrina epicureísta creía en el placer, la tranquilidad y la felicidad por encima de todas las cosas.
Para los epicureístas el hombre debía evitar el dolor, el miedo y el sufrimiento, buscando disfrutar una vida
plena y feliz, cultivando la amistad, la libertad y una vida basada en el
análisis de las cosas, pues consideraban que el conocimiento pleno del
funcionamiento de todo lo que compone el mundo era la manera de obtener la paz
de vida a la que todo hombre debía aspirar para ser feliz. También creían en
llevar una vida simple y moderada y que debían hacer lo posible para que su
felicidad y tranquilidad fuera transmitida a todos sus semejantes. Argumentaban
que los dioses, creadores de la tierra y el universo, no se inmiscuían en la
vida de los hombres sino que los observaban desde la bóveda celestial y que
cada hombre era responsable de su propia existencia. Para ellos Dios no podía
ser parte de este plano material en que vive el hombre, porque de lo contrario
el mundo no tendría tantos males. Su filosofía se basaba en la teoría de que la
distinción moral entre lo bueno y lo malo era determinado por el placer y el
dolor: “lo que es bueno es lo que es placentero y lo que es malo es doloroso”; y
que el razonamiento moral era una cuestión de cálculos entre los beneficios y
costos del placer y el dolor. Erróneamente, algunos piensan que los epicúreos abogaban
por la búsqueda desenfrenada del placer, pero su objetivo principal era la
ausencia del dolor y del sufrimiento, pues consideraban que cuando el hombre no
tiene dolor alcanza un estado de paz mental perfecto, al que los griegos denominaban
ataraxia, y la necesidad del placer dejaba de existir, lo cual constituía el
fin último de la existencia humana. Advertían que había que evitar los excesos,
ya que estos a menudo llevan al dolor, y que el hombre debía minimizar los
daños y maximizar su felicidad y la de los demás. La escuela epicureísta funcionaba como una
comunidad de amigos que vivían en armonía, sin embargo tenían principios
básicos sobre los cuales sus miembros debían jurar, y entre ellos existía un
sistema jerárquico de niveles. Su influencia en la filosofía helenística fue
tal, que durante mucho tiempo se desarrolló de manera creciente en toda Grecia,
teniendo como competencia al estoicismo, hasta que ambas doctrinas fueron en
declive con el crecimiento del cristianismo. La Biblia habla de cómo el apóstol
Pablo predicaba el cristianismo en la plaza mayor de Atenas y disputaba con
filósofos epicúreos y estoicos, anunciando las Buenas nuevas de Jesús y la
resurrección, lo cual motivó que los filósofos griegos llevaran a Pablo al
Areópago para que explicara lo que para ellos era una nueva doctrina, a lo que
Pablo les señaló que el altar que entre sus monumentos ellos destinaban “AL
DIOS NO CONOCIDO” se refería a Dios, creador del mundo y de todas las cosas que
hay en él (Hechos 17:16-34).
Un factor determinante para que el epicureísmo sucumbiera ante el
cristianismo fue la conversión del emperador romano Constantino (272-337) a la
doctrina cristiana, ya que este promulgó leyes que designaban al cristianismo
como la religión oficial en el imperio romano (año 313 D.C.) y declaraban al epicureísmo
como incompatible con la fe cristiana. Hubo de pasar mucho tiempo antes de que
este movimiento filosófico volviera a ser rescatado por sus adeptos.
La historia registra a diversos personajes que se han declarado como
seguidores del epicureísmo, entre ellos están: Lucrecio (94-55 A.C.); Pierre
Gassendi (1592-1655);Thomas Jefferson (1743-1826);Jeremy Bentham (1748-1832); John
Locke (1632-1704); John Stuart Mill (1806-1873); Karl Marx (1818-1883); y Friedrich
Nietzsche (1844-1900).
El principal propagador del epicureísmo fue su alumno Metrodorus de
Lampsacus (331-277 A.C.) quien adquirió fama por la divulgación que realizó de
dicha doctrina. Luego de la muerte de Epicuro, las escuelas de enseñanza de la doctrina
epicureísta siguieron creciendo en toda Grecia y en diferentes países del mundo
antiguo por alrededor de 400 años. Epicuro ha sido catalogado como un filósofo
materialista, empirista, atomista y hedonista, quien tuvo un papel importante
en el desarrollo de la ciencia y el método científico, puesto que no creía en nada
que no pudiera ser probado mediante la observación directa y la deducción
lógica. A pesar de haberse considerado a sí mismo como autodidacta, estudió
bajo la tutela de Nausiphanes por algún tiempo durante su juventud, y muchos
entienden que recibió una marcada influencia de la doctrina de Demócrito, filósofo
griego de la era presocrática, quien habló del atomismo mucho antes del
epicureísmo.
Epicuro de Samos vivió acorde a la doctrina que
profesaba. Su casa era simple, poseía la ropa básica y su dieta se limitaba al
consumo de verduras, pan, aceitunas y agua. Aún durante el tiempo de sus
padecimientos renales y otras complicaciones de salud siempre conservó su
actitud tranquila y alegre, sin demostrar preocupación alguna, actitud que
conservó hasta el día de su muerte.
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