8 de septiembre de 2014

Cuco Valoy... un brujo con su propia "Tribu".


Los que tuvimos el privilegio de crecer mirando sus presentaciones televisivas difícilmente podamos evitar el sentirnos agradecidos de haber sido testigos de tal derroche de talento, grandeza y humildad en una sola persona. Cada presentación de su orquesta es, definitivamente, una caja de sorpresas: su peculiar manera de bailar, la dramatización de cada uno de sus temas, su canto y, sobre todo, su entrega, hacen de Cuco Valoy uno de los más completos y espectaculares artistas de toda la historia musical dominicana. Merengue, son, cumbia, boleros, salsa, guaracha… la Tribu de Cuco Valoy lo ha tocado todo.
Nació en Santo Domingo en el año 1937. De niño, en su natal Manoguayabo, cantaba de “loma a loma” a una muchachita llamada Colombia de quien estaba enamorado. Ya en aquellos tiempos tocaba los instrumentos de percusión, lo cual motivó que en cierta ocasión lo invitaran a sustituir al percusionista Manuel Merejo, quien era miembro del sexteto que amenizaba las fiestas en su región. Como no tenía zapatos, tuvo que tocar escondiendo sus pies detrás de los instrumentos. Le pagaron 75 centavos por tocar aquella fiesta. Siendo ya adolescente, en los años cincuenta, salió de su hogar paterno, en contra de su padre, para mudarse solo en los predios de Villa Juana, barrio capitalino donde vivió largo tiempo de su vida. Él quería un destino diferente al de trabajar siendo obrero por el resto de sus días, así que estudió música en el conservatorio nacional. Fue seguido luego por su hermano Martín, su compañero de aventuras musicales, a quien comunicó que dejaría de cantar boleros para dedicarse a cantar son, esto debido principalmente a la gran influencia que el grupo cubano “los Compadres” ejercía sobre el gusto musical de la época, pues habían visitado Santo Domingo en esos tiempos. A partir de entonces puso el bolero a un lado e inició su carrera en el son. Cuco Valoy y su hermano Martín formaron un dúo llamado el “Dúo Valoy”, tocaban fiestas cantando las canciones de “los Compadres”, y en cierta ocasión en que se encontraban tocando en una emisora radial de Santo Domingo fueron bautizados como el dúo “los Ahijados”, por un locutor apellido Ferrera, quien dijo: “Si en Cuba están los Compadres, pues aquí tenemos a los Ahijados”. El primer tema que Cuco grabó fue: “Enséñame el lunar”, pero ya contaba con una larga trayectoria haciendo música popular.   Su nombre pronto brilló en playas extranjeras. Nueva York acogió de buen modo esa famosa canción de la revolución que Cuco Valoy grabó durante la etapa de la historia dominicana que precedió al golpe de estado de 1963. Fue convertida en un tema musical obligado entre los compatriotas exiliados en esa gran urbe norteamericana.

En los años sesenta tenía una pequeña tienda de discos, enterándose que estaban vendiendo una emisora radial, sacó los 13 mil dólares que tenía ahorrados en el banco e hizo una oferta para comprarla, pero sólo consiguió que se la arrendaran. Sin instrucción ni experiencia en el área de la locución, pero con un vasto conocimiento de la música gracias a los años frente a la tienda de discos, Cuco Valoy  se pasaba horas ante el micrófono, animando a la gente y poniendo la música de moda. Se denominó a sí mismo el “Super suki sabrosón”, y entre sus lemas decía que él era “el que más sabía de música tropical”.
En el año1975 se propone  incursionar en el merengue, porque siempre ha sido un perseguidor de las cosas que están en el gusto popular, de las cosas que están sonando. Hasta entonces había sido observador pasivo de la competencia que libraban Johnny Ventura y Wilfrido Vargas, así que decidió que sería él quien llegaría a dirimir el conflicto musical entre estos dos colosos del merengue. De ese modo nació su orquesta: “Cuco Valoy y sus virtuosos”, que, escoltada por el piano y los arreglos de su hijo Ramón Orlando Valoy, con una gran destreza en el piano, aunque era apenas un muchacho, y complementada por la peculiar voz de Henry García como voz principal de la banda, ya estaba todo listo para lanzarse al ruedo. En una presentación de Cuco en el teatro Agua y Luz, recibió tal acogida por el público que al día siguiente la prensa reseñaba un comentario hecho por Johnny Ventura en el cual señalaba que ya Wilfrido no era su problema sino una orquesta ´dirigida por Cuco Valoy, llamada los Virtuosos.
Comenzó grabando con el sello Kubaney Records, del cubano Mateo San Martín. Su primera producción discográfica la hicieron en el estudio Latin Sound, donde también se grababa toda la música de la Fania All Star. Cinco temas fueron cantados por Henry García y uno por el propio Cuco, quien lo escribió una de esas noches en las que trabajaban en el Latin Sound, y fue arreglado por Ramón Orlando, porque Cuco quiso aprovechar el poder grabar su voz en un estudio tan moderno. Tiempo más tarde surgieron algunos desacuerdos entre Cuco y San Martín, lo cual motivó que Valoy decidiera formar tienda aparte, enterándose sorpresivamente que el nombre de “los Virtuosos” había sido registrado por el empresario cubano. Durante una gira llevada a cabo por Panamá, contratado por el empresario William Liriano, este último sugirió que la orquesta de Cuco Valoy parecía una tribu, esto por los saltos y vueltas que desde siempre han caracterizado a Cuco en cada una de sus actuaciones. De ahí nació el nombre de “La tribu de Cuco Valoy”. En apodo de “el Brujo”, proviene de algunos merengues grabados por la Tribu en los que se satirizaba la actuación de los brujos y curanderos que buscaban “despojar” a sus clientes mediante un “ensalmo”, que desembocaban en temas muy jocosos que la gente repetía por doquier, con frases como: “Señora él tiene otra que le está prendiendo vela, para que salga de usted y la quiera más a ella…” .
Hablando acerca de su hijo, el boxeador Tommy “Cañonero” Valoy, el merenguero dijo que para él la vida es algo así como una novela y que al parecer su hijo no nació para ser campeón mundial, porque él tenía todo el talento necesario y contaba con el apoyo de su familia, sin embargo se le atravesaban cosas distintas en el camino, que impidieron al Cañonero alcanzar la corona.
Siente tristeza al hablar de su hermano Martín Valoy, quien está sufriendo de alzheimer, pues ellos dos son los más unidos de entre todos sus hermanos. Preguntado acerca de su opinión de la denominada música urbana, Cuco dijo que Dominicana está viviendo la peor época de su historia musical con lo que está sucediendo con nuestra juventud. En la actualidad está promocionando sus temas: “la Piedra” y “el Carrito”, y cuenta con el manejo de Luis Aponte.
Nota: Muchos de estos datos fueron obtenidos de la voz del propio Cuco Valoy al hablar en la entrevista que Ramón Pastrano le realizó en su programa: “Formalmente informal”, hace dos semanas.

12 de agosto de 2014

¿Buscando aprobación? ¡Quizás no sea lo mejor!

Disfrutar la mejor calidad de vida posible se hace imposible cuando se apoya la existencia propia en dogmas que se han convertido en muros que encierran y magnifican los ecos de tus pensamientos y de los enunciados de otras personas. Para comprender las posibles consecuencias de los ecos mentales tenemos que tomar en cuenta la necesidad de algunas personas de recibir aprobación de otros. Supe de una súper estrella del deporte que cada vez que bateaba un cuadrangular llegaba al lado de sus compañeros preguntándoles si se había visto bien cuando hizo contacto con la bola, preguntaba con tanta insistencia y tan frecuentemente que llegaba a molestar a sus compañeros de equipo. Son informes que la gente común no espera escuchar de un súper dotado del deporte, nadie podría imaginar que una persona con tales cualidades podría sentirse necesitada de aprobación, pero esas cosas suceden más frecuentemente de lo que pensamos. Ese atleta tan extraordinario terminó metiéndose en problemas con el uso de esteroides, todo porque él no terminaba de aceptar que ya él era lo que un día soñó ser, que nonecesitaba nada más y que la mayoría de sus colegas se habrían conformado con ser la mitad de lo que él era.

Generalmente esa dependencia de otros se adquiere en la infancia, en el hogar, en la escuela, en el sector donde esa persona creció… pero mayormente son los padres y familiares cercanos los que influyen directamente en que una persona, a pesar de sus talentos propios, crea necesitar la aprobación de otros para sentirse algo seguro de que lo ha hecho bien. Inclusive, dicha necesidad adquiere las mismas connotaciones de una adicción, ya que por lo regular, las personas que necesitan la aprobación de otros, tienden a preguntarle a cada vez mayor número de otras personas acerca de la validez o efectividad de sus propias decisiones o acciones. Si esa persona en vez de aprobación recibe un comentario negativo, lo repetirá tantas veces en su mente que en ocasiones corre el riesgo de caer en depresión. No es lo mismo preguntarle a un experto o especialista acerca de un tema sobre el cual no tenemos conocimiento cabal que detener a cualquier compañero de la oficina y cuestionarle acerca de la conveniencia de invertir en la bolsa de valores. Debemos recordar que en los asuntos delicados siempre es recomendable buscar una segunda opinión entre expertos, porque aún los más expertos pueden equivocarse. El detalle aquí es conocerse a uno mismo, confiar en que se está siempre haciendo lo mejor que se puede y que incluso los asuntos que ameriten corrección no necesariamente significa que se han realizado de manera incorrecta sino que podría añardírsele algo más para que esté completo o salga mejor. Si esperas la aprobación de otros quizás nunca la recibas. Confía en Dios, confía en ti y haz que tu vida sea tu mayor aprobación.

10 de agosto de 2014

Muros mentales que repiten el pensamiento.


Muros mentales que producen ecos.
Si vivimos tantas experiencias diarias que a menudo pasan desapercibidas, ¿Por cuál razón algunas experiencias parecen quedar marcadas en la mente de la gente? Es cierto, algunas personas tienden a ser víctimas de los pensamientos repetitivos. En especial de aquellos que no les agradan o le molestan. ¿Por qué sucede de esa manera? Para entenderlo mejor es recomendable que llamemos  a cada cosa por su nombre o, en su defecto, le designemos uno. Llamaremos “eco” a esos pensamientos insistentemente repetitivos que “parecen” cobrar vida en las mentes de aquellos que así lo han permitido. Así como el pensamiento repetitivo no es más que un recuerdo que carece de valor real, así mismo, dichos recuerdos encuentran muros mentales en el interior de la mente sobre los cuales seguir resonando, rebotando, repitiéndose una y otra vez. 
Humanamente hablando, mucha gente alberga en su mente un gran número de creencias y dogmas infundados, la mayoría de ellos infundidos dentro de sus propios hogares o por amigos cercanos en los cuales dichas personas confían. Esos dogmas o creencias son los muros en los cuales se apoyan las características principales de las personalidades de estos individuos. Estos muros también llevan a cabo la infame labor de limitar la creatividad y energía de esas personas, debido a que fueron socialmente construidos en etapas tempranas de sus vidas o por personas que ejercen cierto tipo de autoridad innegociable en sus existencias. Por ejemplo: si a una mujer le han hecho creer que el hecho de tener unas cuantas libras de más le hace ver fea o le resta parte de sus encantos, si ella realmente lo cree y lo acepta, ese es un muro dentro de su mente que la mantendrá pegada a la pared y apuntándola con el punzante filo de una espada. Si a cualquier compañero de trabajo se le ocurre mencionarle, un día cualquiera, que ella luce como si estuviera ganando peso, aunque esto no sea verdad…¡El cataclismo! Se pasará el día preguntándole a sus amigas si ella se ve más gordita, repitiéndose que no debió dejar de asistir al gimnasio y mirándose al espejo cada vez que tiene una oportunidad de hacerlo. Ese pensamiento será el eco de ese día y quizás de varios más. Este tipo de suceso le ocurre a todas las personas que atesoran los mencionados muros en su mente.
¿Qué hacer en estos casos? Primero: entender que las opiniones de otros no tienen porqué convertirse en tu realidad. Eso incluye tanto a los muros antiguos como a los comentarios que dan vueltas en tu mente. Lo que otros piensan de ti es asunto de ellos. Tu realidad está por encima de todos los pensamientos pasados, incluso los tuyos. Si basas tu vida en pensamientos no verás tu realidad con claridad.
Segundo: Es tiempo de analizar esas viejas creencias y escudriñarlas con sumo cuidado. Aún los adelantos científicos de mayor contundencia en la actualidad pasarán a ser objetos obsoletos mañana. En el mejor de los casos serán modificados para ser adaptados a los tiempos modernos. Así que analiza con cuidado aquello en lo que siempre has creído, verás que muchas de esas creencias no forman parte de la realidad actual.
Y, Tercero: Desentraña la raíz de cada una de tus más profundas convicciones. Descubrir la fuente u origen de dicho dogma, si no es que ya lo sabes, resulta útil en estos casos. Te sorprenderás al darte cuenta de cuan insignificante es la base en la que has apoyado esas creencias. En muchos casos, cuando te hicieron creer que algo era malo o bueno, ni siquiera tenías la madurez mental para decidir si te convenía o no adoptar como tuyas las conclusiones a las que otros llegaron. El objetivo es hacer añicos esos muros e incrementar, al mismo tiempo, tu claridad mental. Si has albergado demasiados muros en tu mente es posible que te sientas aprisionado, limitado, inferior y engañosamente de poco valor. La psicología tradicional llama “complejo” a este tipo de mecanismo mental que provoca a un individuo sentirse afectado por comentarios o sucesos externos que son presentados ante su persona y que han pasado, con el tiempo, a ser parte de su experiencia de vida. En realidad esto es sólo un nombre dado a algo que no existe verdaderamente. Es solamente una creencia que ha adquirido solidez en tu mente debido a la constancia repetitiva a través del tiempo y nada más. Si no le das cabida, así mismo como vino, sin darte cuenta dejará de existir, porque eres tú quien le da importancia a esos muros en los cuales rebotan los ecos mentales. La realidad, la única verdad, es que el universo de posibilidades que tienes en la vida actual sobrepasa infinitamente todo lo que pudieras imaginar en este instante. Si puedes asimilarlo, entonces podrás entender que en tu naturaleza no cabe la opción de vivir encerrado entre muros mentales. El universo es tuyo, vívelo plenamente.

3 de julio de 2014

¿Qué es inteligencia?

Inteligencia es la capacidad que poseemos para entender las cosas. A mayor grado de inteligencia, mayor es el entendimiento que nos caracteriza. En ese sentido, un individuo inteligente a quien se le explica un asunto es capaz de entender lo que se le ha explicado e incluso identificar detalles faltantes en la explicación para luego formular las preguntas necesarias con el objeto de tener un entendimiento cabal del tema en cuestión. Inteligencia es también sinónimo de conocimiento y comprensión. No debe confundirse la educación con la inteligencia, es algo que las personas suelen hacer, aunque no es lo correcto. Puede darse el caso de que una persona no posea una educación formal y aún así posea una gran inteligencia. Esta es la razón por la cual los clásicos exámenes que miden el coeficiente intelectual son limitativos y sólo sirven para medir el desarrollo educacional de la inteligencia en una persona y no su inteligencia en sí. Cabe señalar que la educación contribuye a desarrollar el nivel de inteligencia pero la base natural de la inteligencia es algo con lo que cada cual nace. Durante mis años de observación, en lo que al presente tema se refiere, he conocido a decenas de individuos profesionales académicamente hablando cuyas inteligencias son prácticamente nulas. En cambio también he conocido a campesinos oriundos de lugares apartados que apenas saben leer y escribir, que poseen un grado de inteligencia superior. También es limitativo el considerar que la inteligencia es condicional a la capacidad de resolver problemas. Existen personas extremadamente inteligentes que tienden a bloquearse ante el más mínimo conflicto y eso los imposibilita de llegar a conclusiones que en otras circunstancias les resultarían sencillas de obtener. De igual manera, se ha generalizado el concepto de “inteligencia emocional”, pretendiendo con el mismo argumentar que se trata de cierto tipo de inteligencia especial que poseen ciertos individuos, lo cual no es cierto. Los sentimientos y emociones de cada individuo dependen y están condicionados por diversos factores y no necesariamente quien es capaz de controlar sus emociones sea más inteligente que otra persona muy sensible o de emociones frágiles. De hecho, diversos estudios han demostrado que los sicópatas tienden a no tener remordimientos ni emociones y al mismo tiempo son individuos generalmente muy inteligentes, mientras que otros estudios han demostrado que las personas que confían en los instintos que les dicta su corazón tienden a ser acertadas en sus conclusiones. Ambos extremos de dicha ecuación nos indican claramente que la inteligencia de un individuo no está proporcionalmente relacionada con los sentimientos ni con la emoción.
Otro aspecto que suele emplearse erróneamente a la hora de evaluar la inteligencia de una persona es su capacidad comunicacional y/o su forma de hablar. Así, si una persona es locuaz, y se expresa con fluidez, es probable que el común de las personas piense que se trata de un individuo muy inteligente, pero esto no siempre es así. Mas bien volvemos al tema de la educación que contribuye a cierto grado de desarrollo intelectual, no necesariamente estaremos frente a un individuo que posea un amplio equipaje de inteligencia en su base natural. Durante años he observado que hay personas con muy baja capacidad comunicacional que poseen una excelente claridad mental y por el contrario, individuos que se expresan de una manera muy correcta pero tienen limitaciones exageradas en cuanto al tema de la inteligencia se refiere.
No es de sorprenderse que existan tantos errores, que en la mayoría de los casos pueden ser catalogados como tabúes, en lo que se refiere a la evaluación y justa calificación de cuales personas son verdaderamente inteligentes. Los avances de la ciencia en el campo de la neurolingüística nos muestran que el ser humano crea imágenes mentales que relaciona con los términos empleados en el contenido de su lenguaje, este punto es claro y sin ningún tipo de contradicción. Ahora bien, para la realización del presente estudio he formulado una pregunta a un gran número de personas, de diferentes orígenes y clases sociales. Una pregunta que a todas luces podría parecer sencilla y uno entendería que cualquier persona sería capaz de responder correctamente y sin titubeos. La pregunta en cuestión es: “¿Qué es inteligencia?” Cerca del 70% de las personas cuestionadas no supieron dar una respuesta clara y comprensible de lo que ellos entendían por inteligencia. Si tomamos en cuenta lo que dice la ciencia de la neurolingüística, es sencillo concluir que si una persona no está clara con respecto a un concepto determinado, en este caso el de la palabra inteligencia, tampoco estará claro a la hora de determinar quien es o no inteligente. Lo interesante de todo esto es que las personas que tuvieron un mayor margen de error a la hora de responder la pregunta son individuos con educación y que se consideran a ellos mismos como entes inteligentes. Es necesario señalar que una muestra tomada a menos de trescientas personas no puede ser considerada contundente ni poseedora de un carácter científico exacto, pero nos da una idea inicial de lo que podemos esperar encontrar en el camino. Lo que sí me quedó claro en torno a la pregunta formulada es que todas las personas extremadamente inteligentes que respondieron de manera segura tienen sus propias definiciones con respecto a lo que ellos entienden por inteligencia y no siempre están literalmente ceñidas a la definición formal que encontramos en los diccionarios o en libros de psicología, aunque en el fondo los puntos convergentes de sus definiciones con las acepciones formales fueron obvios y tangibles. Lo ideal es que cada persona procure ver dentro de sí mismo para que conozca la potencia y limitaciones de su propia inteligencia. Entonces, y sólo entonces, podrá ser capaz de entender la inteligencia de las personas a su alrededor, y sobre todo, podrá tener claro en su mente el concepto de lo que es la verdadera inteligencia.

24 de junio de 2014

La experiencia personal del ser espiritual.

Soy un ser espiritual y no discuto con ateos. Esa decisión la tomé hace ya mucho tiempo, desde que me inicié en el estudio de lo espiritual y esotérico, siendo apenas un niño, entendí también que discutir acerca de la existencia de aquello que daba sentido a mi vida sería equivalente a discutir sobre mi propia existencia. Si alguien duda de la posibilidad de que yo pueda o no existir y me lo comunica, no puedo menos que sentir compasión por el estado de confusión en que habita esa persona, pero el ser compasivo no me obliga a escudriñar cada mente que no entiende que sería más sencillo simplemente ignorar algo que no existe en vez de invertir tiempo y energía en negar enfáticamente aquello en lo que no cree.
Sin embargo debo admitir que entiendo a los ateos. Sí, de verdad los entiendo. Entiendo que una persona no tiene capacidad para hablar sobre aquello que no conoce, si una persona no ha tenido o no ha sabido reconocer experiencias espirituales en su vida ¿Por qué habría de creer que es un ser espiritual?por eso entiendo a los ateos. Aunque reitero que no entiendo el porqué gastar sus energías intentando gritar al mundo su condición de ateo, pero puedo entender que solamente la experiencia espiritual puede convencer a un individuo de que él mismo es un ser espiritual y por ende está conectado a otros seres espirituales y a una fuente de energía espiritual que ha permitido su existencia.
Si miro en restropectiva, teniendo yo algunos seis o siete años de edad, compruebo que era un niño algo difícil de convencer en cuanto a las cuestiones que no me podían ser explicadas con claridad. Era yo entonces muy inocente para saber que no todas las personas poseen el talento o la capacidad de explicar detalladamente y con palabras las cosas que saben y conocen. Aunque algunas personas sí tienen el poder de explicarlo todo con tan solo una mirada, un abrazo o un apretón de manos, pero ese es otro tema. El asunto es que estando yo en la escuela bíblica, junto a mis hermanitos, era algo receloso respecto a muchas de las cosas que allí se decían. Probablemente aquellos recelos eran provocados por la advertencia de mi padre de no depositar mi confianza en personas extrañas, y yo entendía por extraño a todo aquel que no fuera mi papá, mi mamá, mis abuelos y algunos de mis hermanos. Por eso miraba a sor Pilar, aquella monja tan dulce, expresiva y cariñosa, con cierto aire de duda, cada vez que comenzaba a hablar acerca de temas inexplicables con palabras. Pensaba que quizás sus padres no le advirtieron acerca de los extraños y alguna persona pudo haberla inducido a confusión, aún así prestaba mucha atención a todo lo que ella decía porque ya sabía que la única manera de aprender o descubrir falsedad era prestando verdadera atención a las cosas que a uno le comunicaban. Pero ocurría algo increíble cada vez que yo salía de la escuela bíblica meditando sobre lo que acababa de escuchar, es que aquello sobre lo que yo meditaba se reflejaba en la vida real. Por algún tiempo pensé seriamente que se trataba del poder mental de crear cosas y situaciones imaginarias y llegar al extremo de creer que eran reales, y de verdad me atraía tener dudas, porque me agradaba despejarlas luego con evidencias tangibles. Fueron las experiencias vividas, principalmente aquellas ocurridas cuando yo no las había buscado, las que me mostraron indudablemente que soy un ser espiritual.
Ha llovido mucho desde la escuela bíblica. El gnosticismo, la metafísica, el epicureísmo, la filosofía en general, miles de libros, y un sinnúmero de otras fuentes, han puesto a prueba mi capacidad para creer y para dudar, pero al final solamente mi experiencia personal me ha permitido darme cuenta que soy un ser espiritual.