11 de agosto de 2020

Flexibilidad de carácter.

Poseer un carácter flexible dista mucho de ser una cualidad inherente a un individuo en particular, lo justo es afirmar que es algo que puede y debe ser aprendido por todo aquel a quien le importe cuidar su salud mental. Sí, porque una de las características que se encuentra presente en las personas que sufren trastornos mentales, especialmente aquellos que afectan la personalidad del individuo, es la inflexibilidad. ¿Y eso qué significa? La inflexibilidad en la conducta de una persona se manifiesta mediante el encierro mental e intransigencia ante las situaciones del diario vivir. Un conductor que grita improperios a todo aquel que se atraviesa en su camino, un individuo que se niega a hacer la fila en el banco y demanda ser atendido primero que a los demás, un padre o madre que castiga a sus hijos por nimiedades, la señora que se lamenta constantemente: si llueve, si hace sol, si el viento sopla… Todos estos ejemplos son candidatos a ser tildados de inflexibles, una inflexibilidad que aprendieron sabrá Dios cuándo, probablemente en la infancia, y que de tanto repetirla se transformó en un hábito que ellos mismos consideran normal. Lo ideal es aprender a ser flexible, a negociar con la vida, a reírse de esas sandeces que ocurren por doquier y sobre todo disfrutar la vida cada vez que puedas. Así se aprende y se desarrolla un carácter adornado por la flexibilidad.

6 de agosto de 2020

Cambios conductuales anormales en la adolescencia.

En la sociedad moderna es común encontrar familias que piensan en concederle a los hijos adolescentes un tipo de libertad para actuar y decidir que suele acarrear consecuencias indeseables si no se toman precauciones al respecto. Aunque siempre es conveniente confiar y demostrar confianza a los hijos, sobre todo cuando estos alcanzan la pubertad y llega el tiempo en que deben salir por ellos mismos a cumplir asignaciones escolares o universitarias, su primer empleo, compartir con sus amigos, Etc. Lo que debemos mantener presentes es que ellos todavía carecen de la experiencia y sabiduría necesaria para descuidarlos y permitir que tomen el rumbo de sus vidas sin la orientación adecuada. No todos los padres tienen el tiempo para participar en todas las actividades de sus hijos, tampoco todos poseen los recursos para asignarle un tutor especializado en cada área de la vida, pero todos sin excepción podemos aprender a vigilar las conductas de nuestros vástagos sin pecar de controladores. Existen algunas señales que no debemos obviar si se presentan en forma de cambios conductuales de los jóvenes cuando salen a conocer la vida por ellos mismos y sin nuestra compañía: El parecer perturbado o asustado. Evitar el contacto visual o no hablar sobre sus experiencias del modo acostumbrado. Mostrarse inquieto, tímido, deprimido o retraído. Manifestar inseguridad o baja autoestima. Presentar problemas para dormir. Cambiar repentinamente de estado de ánimo o humor. Alteración de sus patrones alimenticios. Si cualquiera de estas señales se presenta en la conducta de los adolescentes, lo lógico y normal es que observemos detenidamente la frecuencia con que ocurren y si están acompañadas de otras señales aquí compartidas o aun de otras que no hemos mencionado pero que usted como padre o madre sabe que no se corresponde con el accionar de su hijo o hija. Siéntese a conversar calmadamente con él o ella, sin exigencias ni reclamos, sino con calma y tranquilidad, exprésele abiertamente lo que ha observado e indague qué puede estar molestando al adolescente. A menudo una conversación de padres a hijos es suficiente para mantener una excelente comunicación y evitar situaciones molestas futuras. Si no logra obtener resultados y le preocupa lo que está observando en la conducta de uno de sus hijos, quizás es tiempo de consultar un profesional de la conducta para recibir una orientación más adecuada. Mantengamos presente que los jóvenes necesitan apoyo, compañía y orientación.

13 de julio de 2020

Reflejos del bebé recién nacido.

La magia del nacimiento de un niño es uno de los actos más maravillosos que ocurre en el mundo. El bebé nace preparado para vivir y aprender, también trae consigo un conjunto de reflejos innatos sumamente importantes: reflejo de búsqueda, lo hace mover la cabeza hacia el lado en que siente que tocan su mejilla, lo ayuda a encontrar el seno de su madre a la hora de alimentarse; reflejo de succión, es la tendencia a succionar todo lo que se le coloca en la boca; y el de deglución le permite tragar leche y otros líquidos al tiempo que los reflejos que controlan la respiración llevan a cabo sus funciones de inhalar y exhalar aire sin ningún contratiempo, tal y como lo hace un adulto experimentado. Ese grupo de reflejos son esenciales para iniciar su vida en el plano físico fuera de su madre y comienzan a manifestarse tan pronto el bebé ve la luz. Otros reflejos pueden no ser tan cruciales pero sirven para identificar una condición neurológica normal en el recién nacido. Al respecto podemos citar el de prensión y el de marcha, el primero le permite asirse de un dedo o cualquier objeto que sea colocado en sus manos y el segundo hace que el bebé imite una caminata al ser puesto en posición erguida sobre una superficie plana. Ambos reflejos desaparecerán normalmente en los primeros dos o tres meses de vida del bebé para aparecer luego como prensión voluntaria en unos cinco meses y la capacidad de caminar al cabo de un año.

9 de julio de 2020

Hablemos de altruismo.

El origen etimológico de la palabra altruismo proviene del francés antiguo “altruisme”, que significa “de los demás”, y hace alusión a dar de sí mismo en provecho de otros. Fue acuñada por Augusto Compte en 1851. Se entiende por altruismo al tipo de conducta ejercida por una persona de manera desinteresada en provecho de otra persona, moral o física, o en provecho de un grupo de personas o colectividad, aún en contra o en perjuicio de sus propios intereses. No es que siempre el altruista habrá de salir perjudicado, puesto que muchas personas ayudan desinteresadamente por medio de acciones que no le causan tipo alguno de desventaja pero en algunos casos las personas deben desprenderse de un bien preciado o de su tiempo personal o familiar para actuar de modo altruista, lo cual, visto desde fuera, puede dar la impresión de que dicha persona está haciendo un sacrificio personal aunque esta no lo considere de ese modo. Existen muchas maneras de ejercer el altruismo: obras de bien social: visitas a enfermos o de personas en la cárcel, ayuda comunitaria, impartir docencia de forma gratuita, hacer donaciones de medicinas, donar útiles escolares; aportes económicos; operativos médicos, padrinazgo de menores huérfanos o de escasos recursos, entre otros. Dos figuras emblemáticas del altruismo mundial del siglo pasado lo representaron la madre Teresa de Calcuta y la princesa Diana. Ambas fueron reconocidas por sus innumerables aportes a los niños y enfermos de todo el mundo, la primera prodigándoles cuidado y atenciones, la segunda a través de donaciones y visitas a los lugares donde estos se encontraban. En nuestro país los ejemplos más notables de altruismo de los últimos tiempos lo han sido: el fenecido comunicador Freddy Beras Goico,, el doctor Antonio Cruz Jiminián, y más recientemente algunos expeloteros como Manny Mota, David Ortiz, Pedro Martínez, Albert Pujols, Tony Peña, entre varios más. Estos dominicanos han sido ejemplos del uso de fundaciones para llevar a cabo sus propósitos de contribuir con el bien de los más necesitados.

2 de julio de 2020

Lo difícil de entregar el poder.

Un individuo es designado o electo para dirigir una institución, una junta de vecinos o una nación. Él o ella sabe que esa posición es temporal, que tiene la oportunidad de hacerlo bien y conservar o crear una buena reputación si hace las cosas del modo correcto. A veces llega al cargo humilde, otras veces está orgulloso y “comparón”, todo depende de su propia personalidad y de la situación que se presenta en el momento. El asunto es que llega la hora de entregar el poder, sea por haberse cumplido el plazo, sea porque han contratado a otro o por cualquier otra causa, el caso es que llegó la hora de despedirse del poder que le fue asignado. ¡Ahí comienza el pataleo!, sobre todo si el puesto en cuestión conlleva el manejo de dinero ajeno. El miedo invade a los que lo han hecho del modo indebido, el temor se muda a la casa de los que han incurrido en indelicadezas, la depresión afecta a quienes pensaron que ese día nunca llegaría… ¡Qué difícil es para algunos entregar el poder!