11 de abril de 2011

Verdadera libertad.



El hombre moderno cree ser libre cuando ha encontrado la manera de satisfacer todos sus intereses económicos. Un apartamento de lujo, una casa veraniega (en la playa o en la montaña), varios autos, un yate, acciones empresariales y una cuenta bancaria en Suiza, son la cumbre que representa la libertad del hombre en la sociedad moderna. Una vez alcanzadas esas metas, el próximo paso es hallar la forma de gastar ese dinero. Vicios, juegos de azar, costosos trajes de última moda, dos o tres amantes y,si acaso recibió algún tipo de formación religiosa, podría dedicar algo del dinero que le sobra para crear una fundación o realizar alguna obra de caridad, por si acaso existe el cielo. Para el hombre de hoy, esa es la llamada libertad.
La mujer moderna es algo diferente. Ella se siente libre cuando es independiente. Compara esa independencia con tener muchos pares de zapatos en su clóset, todas las carteras que pueda usar, sin repetirlas en varios meses, y una hermosa cabellera. Esa combinación alejará de su mente todos los asustadisos pensamientos que la hacen sentir atrapada por sus miedos sociales. Ella cree que no debe ser gobernada por ningún hombre (aun si ese hombre es quien satisface sus caprichos de mujer), pero es capaz de tomar un préstamo o gastar todos sus ahorros, en someterse a cirugías que acomodarán su cuerpo a lo que el hombre desea ver en una mujer. Ser mimada, consentida y sentirse bella y admirada, es la máxima expresión de libertad que conoce la mujer actual.
Esos caprichos, esas metas, son exactamente todo lo contrario a la verdadera libertad. Mas bien son fuertes cadenas que impiden a los seres humanos desarrollarse plenamente. El dinero es una herramienta importante. Permite obtener, con mayor facilidad, los elementos que componen la vida actual en la sociedad moderna. Eso no puede ser negado. El punto clave radica en condicionar nuestra libertad, nuestra felicidad, a tener, o no, dinero en nuestro poder, para adquirir esos elementos. En ese mismo instante comienza la más agobiante esclavitud que un ser humano puede imaginar.
Disfrutar de buena salud, verse bien, y más que todo, sentirse bien con uno mismo, está contenido dentro de nuestra propia naturaleza. Eso es lo que somos, poseedores de una fuerza espiritual tan potente, que no sólo permite que nos sintamos bien, todo el tiempo, sino que también tenemos la facultad de transmitir ese bienestar a todo aquel que esté en nuestra presencia, y aún en la distancia, a todo aquel que forme parte de nuestros pensamientos.
Los seres humanos modernos han perdido la capacidad de creer en ellos mismos, encuentran más cómodo el depender de factores externos para sentirse satisfechos, para saberse plenos, completos,realizados. Cuando esos factores externos no están presentes, entonces han hallado la excusa perfecta para culpar a esa "carencia" de todos sus males presentes y futuros. Eligen, voluntariamente, vivir y ser parte de la esclavitud moderna que insisten en llamar "la moderna sociedad."
Las cadenas desaparecen, se desvanecen, cuando nos permitimos ser nosotros mismos, cuando dejamos que nuestro brillo interior salga imponente al exterior. Entonces tenemos en nuestro poder todas las herramientas para ser completamente libres.

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