14 de febrero de 2011

Santo Domingo: Música y juventud (años 60, 70, y 80).

Johnny Ventura era un jovencito cuando comenzó a deleitar al público con su baile y sus canciones. Con su juventud, su estilo innovador de bailar, su carisma y luego sus arreglos musicales merengueros logró imponerse por encima de maestros como Félix del Rosario y Joseíto Mateo. Desde antes y desde siempre, el merengue ha permanecido en el gusto popular, pero, varios  ritmos internacionales han llegado a nuestra tierra y han gozado de aceptación entre los dominicanos. Este es tan sólo un resumen a grandes rasgos de la influencia musical juvenil que Santo Domingo recibió en las décadas de los años 60, 70 y 80.
En los años 60 llegó a Dominicana  desde Suramérica "La nueva ola," movimiento musical que tocaba el rock en español influenciados por Elvis Presley, Paul Anka, Los Beatles,  y otros rockeros anglosajones. El Club del Clan,  fue un programa televisivo que se desarrolló en Argentina pero repercutió por toda América Latina.
Palito Ortega, Lucho Gatica, Chico Novarro, Violeta Rivas, Lucecita Benítez, Chucho Avellanet, Lisette Alvarez, Bobby Capó, Paolo Salvatore y otros cantantes caribeños y suramericanos formaban parte de esta revolución musical juvenil de La Nueva Ola, que es recordada por muchos aún en nuestros días.
Milton Peláez, cantante y comediante dominicano, sonó en la radio de entonces con su tema: "Más feo que yo". Tuvo tanto éxito que, según confesara el propio Milton, se compró su primer auto, un Cadillac, con las ganancias que obtuvo en su gira por Suramérica. Dos décadas más tarde, bajo la conducción del locutor Tony Pérez y en la emisora Radio Radio, se producía un programa llamado "Recuerdos del Club del Clan,", el cual sirvió para ilustrar sobre los 60 a los que no vivimos aquella era.
En los 70 Wilfrido Vargas con  su trompeta merenguera estremeció la isla quisqueyana. También nos vimos influenciados por Europa: El grupo español "La Pandilla" alegró a los jóvenes dominicanos con sus famosísimas canciones "La soledad" y "El Alacrán."
A finales de esa década llega la música disco, con Donna Summer a la cabeza, y las películas norteamericanas "Grease" (Brillantina) y "Saturday Night Fever" (Fiebre del sábado por la noche), ambas protagonizadas por John Travolta y la última con música de los Bee Gees, penetraron profundamente nuestra cultura.
 El rock sicodélico también fue popularizado en Santo Domingo por otra película. "The Wall" (El muro), protagonizada por el grupo británico Pink Floyd, (Todo un espectáculo audiovisual que lanzaba al mundo un grito de protesta por la existencia del muro de Berlín) tuvo un impacto muy significativo en la juventud capitalina de la época.
La juventud dominicana dividió sus gustos, por un lado estaban los "fiver," como llamaban a los seguidores de la música anglosajona, y por otro lado estaban los que quedaron encantados con unos jovencitos que cantaban merengue: Fernandito Villalona y Raulín Rosendo (Sí, el mismo salsero dominicano, antes era merenguero). Cantaban en Los hijos del rey, pero se hicieron adultos muy prematuramente. Los más románticos de la época escuchaban a Jazmín Objío.
Con los 80 la cosa cambió, el grupo Menudo se hizo dueño de la escena. Temas como; Súbete a mi moto, Dame un beso, O Voulez vous, los cantaban hasta los grandes.
La salsa de Willie Colón y Rubén Blades, consiguió  su propio espacio. Sus canciones (Gitana, Y yo sin poderte hablar, Tiburón, Chica plástica, Pedro Navaja, por citar algunas), de corte social combinadas con un romanticismo poético digno  de admiración, llenaban los labios de los jóvenes de Santo Domingo.
El rap norteamericano intentó reinar entonces (principalmente debido a que la telelvisión por cable llegó al país) y muchos bailamos electro buggy y breaking, así como la música de Michael Jackson. En ese mismo tiempo, rockeros y baladistas de Europa y Estados Unidos se mudaron dentro del gusto de una parte de la población juvenil de Santo Domingo; The Police (con Sting de vocalista), Pet Shop Boys, A- HA, Falco, Culture Club, Durán Durán, Cindy Lauper, Phil Collins, Madonna, Stevie Wonder, Lionel Richie, Men at work, The Producers, Rick Astley y George Michael, llegaron a ser extraordinariamente populares.
Este fenómeno fue posible en gran parte por dos emisoras radiales: Radio Listín y La X, ambas con programación actualizada en el idioma inglés. También por los programas televisivos de Ramoncito Frías (recuerdo uno llamado "Tiempo Joven" que transmitía el canal 7, Rahintel), y por los videos musicales que Teleantillas pasaba constantemente entre sus programas. Probablemente influenciados por Pedro María Santana, experto en esa música y que durante mucho tiempo fue la voz oficial del canal 2 de Teleantillas.
Los cantantes juveniles mexicanos Pedrito Fernández, Lucerito, Yury  y Luís Miguel, encontraron su cuota de preferencia entre la muchachada de la patria de Duarte.
Se formaron un montón de grupos: Los Chicos de Puerto Rico (de donde salió Chayane), Los Chamos y Unicornio de Venezuela, Timbiriche (por donde pasaron Paulina Rubio, Eduardo Capetillo, Bibi Gaytán y Thalía ) y Ciclón de México.  En República Dominicana se formaron; Mermelada (de ahí salió Monchy Capricho), Gotas de ámbar (liderado por la hija de Yaqui Núñez del Risco), Café Colao, Mozalbetes, Espuma y, la más espectacular de todos, la cantante Glenys Díaz.
Esta fiebre juvenil tuvo su mayor apogeo gracias al esfuerzo y dedicación de Yaqui Núñez del Risco y su programa "Chiquishow". Otro factor fue la popularidad en el país del programa mexicano "Siempre en Domingo" que era conducido por Raúl Velasco, con quien Yaqui  tenía excelentes relaciones (Color Visión, canal 9, transmitía ambos programas).
Aunque tuvimos muchos baladistas de ambos géneros, estos interpretaban temas dirigidos a un público adulto, con la excepción de Ginette que cantaba música juvenil en inglés.
Hubo también un grupo que hoy casi nadie recuerda, se llamó "Kindergaten", compuesto por cuatro morenitos que cantaban como ángeles. Fue apadrinado por Ánthony Ríos.
El rock dominicano comenzó a gatear.
Entonces llegó el fenómeno musical  que marcó la vida nacional y el mundo entero. Los jóvenes dominicanos tomaron en sus manos las riendas del merengue: Ramón Orlando Valoy, Bonny Cepeda, Koqui Acosta, Los Hermanos Rosario, Víctor Wail, Sandy Reyes, Jerry Vargas, Los Kenton, Carlos Manuel "El Zafiro," Peter Cruz, Carlos David, Alex Bueno, Ray Polanco, La Orquesta Joven, Henry Castro, Juan Luís Guerra, Fernando Echavarría, Rasputín, Dionis Fernández, Sergio Vargas, Las Chicán, Sergio Hernández, Jochy Hernández, La Artillería, Belkis Concepción, Juanchy Vásquez, Aníbal Bravo, Richie Ricardo, Aramis Camilo, Rubby Pérez, Eddy Herrera, Juan Valdez y Benny Sadel son sólo algunos de los jóvenes responsables del repunte del merengue en los años 80.
Cabe señalar que, aunque se formaron más de 300 orquestas de merengue en aquel entonces, nada hubiera sido igual sin cuatro columnas en las cuales se apoyó el merengue ochentero: El Show del Mediodía de color Visión, Fiesta de Teleantillas, la Productora latinoamericana de televisión (Prolatel) de Leonel Almonte, en Rahintel (hoy Antena Latina), y la revolución radial implementada por El Super Frank desde la emisora Z101 (todavía hoy muchos locutores radiales utilizan su estilo de animar).
 En Puerto Rico teníamos a los muchachos del Conjunto Quisqueya y a La patrulla 15 (Josie Esteban y Ringo). Mientras que en Nueva York, los dominicanos éramos representados por Milly, Joselyn y los vecinos, La Gran Manzana (Víctor Roque y Henry Hierro), Nelson Cordero "El Barón" y The New York Band (Cherito Jiménez).
Esa década fue cerrada por el nacimiento de la Cocoband, liderada por Pochy Familia, Kinito Méndez y Bobby Rafael. Aunque muchos se equivoquen, fue la Cocoband la primera orquesta que interpretó "exclusivamente" temas jocosos  del coloquialismo popular (tigueraje, muy osado pero sin exagerada vulgaridad), en otras palabras, fueron los precursores de lo que hoy se conoce como "Merengue de calle". Si bien es cierto que Musiquito, mucho antes,  tenía un estilo similar, su influencia no llegó a incidir en la creación de otras orquestas, lo que sí hizo la Cocoband (La Banda Loca de Elvis Clase, Rokabanda, La Banda Gorda, Santy y la Duende Band, la orquesta de Kinito Méndez, salieron de la Cocoband).
Como podemos notar, nuestra cultura musical ha recibido influencias de casi todo el globo terráqueo, quizás por eso tenemos tan increíble sabor musical.

2 de febrero de 2011

De Fabio Fiallo a Tulile.


Ambos nacieron en Santo Domingo, con 110 años de diferencia entre uno y otro, y ambos sintieron el mismo anhelo de deleitar al pueblo dominicano con su arte. El primero fue poeta y político. Nació el 3 de febrero de 1866, y además de su poesía, regaló a su patria un corazón aguerrido que no se conformó con esperar el devenir del destino sino que alzó su voz y su escritura para defenderla. Sus ideales lo llevaron a protestar con energía ante la primera intervención norteamericana (1916-1924), por lo cual  fue condenado a 5 años de prisión por las fuerzas interventoras. Su padre, Juan Ramón Fiallo, fue militar y luego diputado en 1867. El mismo Fabio Fiallo fue cónsul dominicano en La Habana, Nueva York y Hamburgo, además de ocupar otros cargos en el gobierno.
José Manuel Rivera, mejor conocido como Tulile, nació el 8 de octubre de 1976, es cantante y saxofonista. Desde temprano mostró interés por la música, su padre José Rivera, músico de profesión, lo introdujo a la práctica del saxofón. Tulile ha sido embajador musical dominicano en varios países del mundo.
Fabio Fiallo trabajó con Arturo Pellerano Alfau, Américo Lugo, Félix Evaristo Mejía y otros hombres de importancia en nuestra historia intelectual. Tulile ha trabajado con Dionis Fernández, Monchy Capricho y Ramón Orlando Valoy, dominicanos exitosos en el plano musical,   pero desde hace 14 años tiene su propia orquesta.
Ambos, Fabio Fiallo y Tulile, nacieron en la misma ciudad, ambos representan una parte importante de la historia cultural de nuestro país, ambos son dominicanos.
Fabio Fiallo y Manny Rivera son sólo dos nombres del amplio tronco artístico que ha sostenido en épocas distintas el gusto cultural del pueblo dominicano. Pudo ser otra pareja de nombres; Franklin Mieses (1907-1976) y Julián ”oro duro”, Gastón Fernando Deligne (1861-1913) y Peña Suazo, Salomé Ureña (1850-1897) y Juliana y un sinnúmero de posibilidades más de como combinar a poetas de ayer con mamberos  de hoy.   Al final todos son dominicanos.
Los tiempos son distintos. Aquellos grandes poetas crecieron en un tiempo en que imperaba el temor a que otras naciones mancillaran la recién nacida soberanía dominicana, ser libres e independientes era la misión y amar la patria y la bandera era la única opción. Los otros viven en un tiempo donde nuestra identidad nacional es cada día más imperceptible, donde la bandera se desvanece entre resorts y Burger King, nuestros mismos gobernantes privatizan las empresas del Estado (enviando el mensaje de que no podemos administrarlas los dominicanos), borran nuestros ingenios azucareros, hipotecan nuestra energía eléctrica, irrespetan nuestra constitución y ni siquiera invierten lo necesario para mejorar nuestra educación.
Las reuniones sociales en el Santo Domingo del siglo XIX giraban o desembocaban en torno al exquisito gusto por la poesía. Hoy nuestros padres de familia, dejan a sus hijos solos en casa para ir a tomar alcohol en el colmadón de la esquina. Hace apenas una década algunos denunciaban el doble sentido creciente en la música popular, hoy la vulgaridad está a la orden del día y hasta la Asociación de cronistas de arte (ACROARTE) se deja tumbar el pulso y ahora nomina y otorga premiaciones a producciones musicales contenedoras de un solo sentido, el de la repugnante vulgaridad. Negarlo no podemos, esta es nuestra sociedad.
Y los poetas dominicanos modernos…  ¿dónde están? Para ellos el tiempo nunca pasó. Siguen reuniéndose en pequeños grupos, como si estuviéramos en el siglo XIX y no se enteran que Santo Domingo hace rato pasó de los cuatro millones de habitantes. Poetas que se conforman con declamar poesía a otros poetas, como si tuvieran miedo o no tuvieran confianza en que verdaderamente pueden ser artistas. Nadie los conoce, solamente los organizadores de concursos poéticos de los cuales resultan ganadores los amigos del gobierno de turno. Son fantasmas con derecho a ganar dinero si sus amigos están en el gobierno. Mejor será que salgan de sus escondites y vayan a declamar poesía a los programas radiales y televisivos de entretenimiento. Mejor será que sean responsables del legado que han heredado y acudan a los liceos y escuelas públicas a mostrar su arte, a los clubes y organizaciones barriales, a los parques y a las plazas comerciales… la patria los necesita. ¿Seguirán fallándole como hasta ahora?
Cuando Álex Bueno grabó aquel poema de Joaquín Balaguer llamado “Lucía”, uno pensaba que sería el inicio de un derroche de hermosas letras para nuestro merengue. Fue todo lo contrario. Bueno sería que el mismo Ministro de cultura se reuniera con los merengueros y mamberos de la actualidad y los incentivara a musicalizar las letras de nuestros grandes poetas. Sueño con que algo así suceda.
Mientras tanto seguiremos cosechando lo que hemos sembrado como sociedad. Porque… nadie ha podido jamás recoger manzanas en una mata de ciruela.
Nota: Fabio Federico Fiallo Cabral murió en La Habana, el 28 de agosto del año 1942. Sus restos fueron trasladados en 1977 a República Dominicana por orden del Presidente Joaquín Balaguer.  

29 de enero de 2011

Animales comunicados.

La inteligencia divina está en todos lados. Cada vez me resulta más lógico el esfuerzo de las sociedades protectoras de animales por preservar la fauna del globo terráqueo. No me agrada mucho la idea de tener mascotas fuera de su hábitat natural… Pero cierta vez conseguí un par de pericos (que supuestamente hablaban, aunque yo nunca los escuché pronunciar una sola palabra). El caso es que en ese tiempo vivía yo por los predios del parque Mirador del sur y cada mañana religiosamente sacaba la jaula de los pericos al frente de la casa para que tomaran aire fresco y algo de sol (Bueno, está bien, también para que no hicieran tanto ruido y yo pudiera concentrarme mientras escribía  en la computadora). Algo que sucedió en esos días me dejó asombrado. Cada día, a la misma hora que yo sacaba la jaula con los pericos, una bandada de esas aves venía a posarse en los pinos que tenía sembrados mi vecino. Llegué a contar más de veinte, y todas empezaban a hacer ruido que mis pericos contestaban. Yo nunca había visto tantas cotorras volando libres por la ciudad de Santo Domingo. Es más, yo nunca había visto una sola de esas aves volando en mi ciudad. Mi vecino dijo haberlas visto con frecuencia en el parque Mirador del Sur.
Por falta de tiempo, tuve que aceptar que no podía atender apropiadamente a mis invitados y los regalé a un amigo. Las otras cotorras jamás volvieron a posarse en los pinos de mi vecino.   ¿Coincidencia? ¡No lo creo!.
Pienso en los animales (domésticos y salvajes) que han tenido que variar su forma  de vida  debido a  la acometida que los humanos han hecho contra el medio ambiente y contra ellos, y me pregunto ¿Podrá algún día el ser humano ser capaz de comunicarse con los animales?.
No es cuestión de muñequitos (el caso del Dr. Doolittle), pero es evidente que tienen ciertos códigos y pueden comunicarse entre sí. Creo que el hombre pudiera un día, con la ayuda de la computadora  entender la forma de comunicación de los demás seres vivos con quienes compartimos nuestro planeta.
En experimentos de laboratorios elaboran todo un engranaje estratégico para enseñar a un mono a entender palabras del lenguaje humano. ¡Buche pulsa ese botón!, luego de repetirlo cien veces y después de que el mono se cansa de que lo molesten tanto, aprieta el bendito botón y los científicos celebran el que por fin está entendiendo. Le regalan una banana al mono, dizque para que entienda que lo hizo bien y vuelva a repetirlo. ¡Buche, atrapa la pelota! Le dice el científico y Buche se queda igualito, como que la cosa no es con él. ¡Buche, la pelota! Repite con insistencia el hombre de ciencias, y al final el mono hastiado de que le hablen tanto en un lenguaje que no entiende, se para del suelo y… aprieta el botón. Seguro que empieza a desconfiar de los seres humanos por no regalarle la otra banana.
Desde los perros amaestrados; ¡Brinca Bobby!, ¡acuéstate!, ¡mueve la cola, baila! Hasta los leones de circo que a fuerza de latigazos tienen que brincar de un lado para otro, pasando por las salvajes peleas de gallos y de perros, los animales han tenido que soportarnos por mucho tiempo ya.
Si algún día logra el ser humano descifrar los códigos de comunicación de los animales y descubre que la fauna terráquea en general siempre ha entendido que nosotros somos la única especie que no sabe comunicarse con ellos, ese mismo día se fundirán unos cuantos cerebros “súper dotados”.
Recientemente leí un artículo que reseñaba como  investigadores de las universidades norteamericanas de Rochester y Emory, dirigidos por el Dr. Baek Kim, habían descubierto que el virus del VIH se adapta y utiliza  “macrófagos” (células inmunes) para esconderse y replicarse. Si esos microscópicos seres vivos tienen tal capacidad de organización como para ocultarse, reproducirse y luego atacar cuando lo consideren oportuno, por increíble que parezca, algún tipo de comunicación poseen.
Yo creo que el ego de nosotros, los seres humanos, nos ha llevado a subestimar en gran medida la capacidad comunicativa de los otros seres vivos del planeta Tierra. Quizás, y sólo quizás, las próximas generaciones puedan usar las computadoras para hablar con los animales en la forma que lo hacía el Dr. Doolitle. ¿Quién sabe? A lo mejor alguna paloma se ufana de ser descendiente de la paloma mensajera que Noé utilizó luego del diluvio para enterarse que la tierra estaba ya seca. ¡Relájate…. Es sólo una broma!
Lo que no es broma es que los animales deben estar cansados de que no los entendamos, sino pregúntale a “Tilikum”, ”la ballena orca que enloqueció en el Sea World de Orlando el año pasado y mató a Dawn Branchiau, su entrenadora. No es la primera vez que animales domesticados atacan a sus entrenadores. Obviamente hay una falta de comunicación entre hombres y animales.
¡Profundo! ¿Verdad?

22 de enero de 2011

Yo soy la zarza.

¡Yo Soy La Zarza!.  Al escuchar esa frase muchos recuerdan el famoso tema musical que en ritmo de salsa interpretaron Richie Ray y Bobby Cruz. Esos dos grandes maestros de la música tropical, de origen puertorriqueño, que decidieron cambiar toda su fama, todo su éxito mundial y el futuro más promisorio que salsero alguno pudiera imaginar, para dedicar todo su talento a Dios. Desde aquella decisión han pasado más de  30 años, ellos continúan dando toda la gloria al Señor. Pero, ¿cuál historia bíblica inspiró esa tremendísima canción? Si no la conoces, para mí será un placer contarla para ti.
Imagínate que un día cualquiera vas caminando por lugares que te son familiares y de repente ves una planta ardiendo en fuego. La planta mide unos 5 metros de altura (16.5 pies), tiene frutos y rosas que adornan su presencia, también tiene espinas. Ahora imagínate que nada de lo que tiene la planta es consumido por el fuego; las hojas, las rosas y los frutos, todo está intacto.  Las llamas de fuego siguen ardiendo. De pronto escuchas que una voz sale de en medio del fuego y menciona tu nombre. ¡Eso le pasó a Moisés!
Hasta aquel momento Moisés era un hombre más en la tierra. Vivía lejos de los suyos, en el exilio forzado.  Su esposa, una madianita llamada Séfora y su hijo llamado Gersón completaban su familia inmediata, pero sus orígenes, sus raíces venían de la tierra de Egipto. En aquel país, esclavo del faraón, estaba todo el pueblo de Israel. La voz que de la zarza salía dijo a Moisés que tenía que regresar a Egipto a liberar al pueblo de Israel del yugo de la esclavitud. Moisés le contestó a la voz “cuando yo llegue allá y ellos me pregunten quien me envía ¿quién les digo que eres?” La voz le contestó “ ¡Yo soy el que soy!” y añadió que quien le hablaba, Dios de sus antepasados; Abraham, Isaac y Jacob, daría al pueblo de Israel la tierra que fluye leche y miel tal y como había prometido a su siervo Abraham que haría con su descendencia.
Tan poco especial se sentía Moisés que aun cuando el Señor le dio señales milagrosas para que mostrara a sus parientes israelistas, Moisés seguía buscando excusas para no aceptar el privilegio que Dios le concedía de ser el libertador de su pueblo.
Cada uno de nosotros posee un toque especial regalado por Dios, pero muy pocos tienen el valor de aceptarlo y prefieren negarlo, prefieren rechazarlo. Moisés salió huyendo de Egipto pues había dado muerte a un guardia egipcio que abusaba de un israelista. Sintiéndose descubierto y con temor a ser castigado, huyó de Egipto. Cuarenta años más tarde, Dios le da la encomienda de regresar allá y acabar con una esclavitud de 430 años. Moisés no creía tener las cualidades necesarias para cumplir esa misión, “yo soy tartamudo” , fue una de sus excusas. El Señor le dijo que su propio hermano, Aarón, de la tribu de Leví le estaría esperando para ayudarle ya que Aarón era un sacerdote de Dios.
Moisés obedeció y todo ocurrió como Dios le había dicho. El faraón se negó a dejar libre a sus esclavos, Dios hirió al pueblo de Egipto con diez plagas, cada una más mortal que la anterior y al final el faraón no tuvo más remedio que ceder a la petición de Moisés.
Aunque Moisés no lo creyera, en verdad era un ser especial. Su propio nacimiento y crianza habían sido  milagros de Dios. El faraón   de entonces, testigo del crecimiento de la población israelí y temeroso de que un día estos llegaran a sublevarse y someter a los egipcios, dictó una orden cruel. Todos los varones  recién nacidos del pueblo de Israel deberían ser arrojados al río Nilo. Los padres de Moisés lo ocultaron por tres meses, hasta que no podían ocultarlo más. Lo pusieron en una canasta en el río.  La princesa, hija del faraón de Egipto, lo encontró y lo tomó como su hijo. Le puso por nombre Moisés que significa “sacado de las aguas”. Moisés creció en el palacio del faraón, recibió educación privilegiada y una formación que pocos hombres de aquel  entonces podían obtener. Pero él no era consciente de lo que Dios le regaló a través de su vida.
A la edad de 80 años, Moisés guió a su pueblo fuera de Egipto. Atravesó con ellos el mar Rojo. Los hebreos vieron la grandeza del Señor cuando abrió las aguas del mar para que ellos  cruzaran,  cerrándolas  de nuevo sobre el ejército del faraón  de Egipto que los venía persiguiendo. Entonces por primera vez el pueblo de Israel alabó a Dios con júbilo, dándole gracias por su liberación.
Con todo esto, con la presencia de Dios guiando su camino (de día en forma de columna de nube y de noche en forma de columna de fuego,) muchos hebreos dudaban de su propia salvación aunque la estuvieran viviendo cada día. A la primera oportunidad torcían sus caminos, idolatraban falsos dioses y hasta blasfemaban deseando a veces no haber salido nunca de la casa de esclavitud que Egipto significó para ellos.
Moisés, libertador de Israel fue el instrumento usado por Dios para que se hiciera realidad esa liberación.
Si estudias con detenimiento el libro de éxodo en el antiguo testamento, comprobarás que Moisés, aunque era hebreo, no conocía a Dios. Tuvo que aprender a confiar en él a partir del momento en que escuchó hablar a una zarza. Una planta, un simple arbusto a través del cual Dios le habló. Ese tipo de arbusto formaba parte del diario vivir de Moisés. Cada día Dios te habla a través de las cosas simples que te rodean; la televisión, el periódico, Internet, radio, un vecino, tus padres, un amigo. Son muchas las zarzas que Dios ha puesto en tu camino, a lo mejor no te detienes a escuchar el mensaje, diseñado especialmente para ti, que Dios te envía cada día.
Hoy, entre nosotros, viven muchos esclavos: de la ignorancia, de las modas, drogas, idolatrías, juegos de azar, todo tipo de vicios y hasta aquellos cuyo único objetivo es ser abusados por otros y rechazar cualquier gesto de amor que les llega a través de Dios. Hay también entre nosotros muchos Moisés: profesionales educados, artesanos dotados de talento, hombres humildes y otros ricos,  algunos que ocupan cargos y puestos de importancia en la sociedad, personas con un corazón noble y desinteresado y hasta aquellos que tienen todo pero que hacen su vida infeliz pues no saben qué hacer con lo que tienen.
¿En cuál lugar estás tú?, ¿eres un esclavo que ignora como librarse de sus cadenas? o ¿eres acaso un libertador que no cree en sí mismo y no cumple su misión de ayudar a otros a liberarse?.  Las respuestas a esas preguntas las saben solamente tú y Dios, pero te garantizo serás más feliz en la vida cuando empieces a cumplir tu misión. Ayuda al necesitado; muchos enfermos postrados en un lecho de hospital no tienen los medios, que a ti te sobran, para comprar medicina. Muchos niños en el mundo entero pasan días sin sentarse en una mesa a comer decentemente, andan sin ropa, sin zapatos… sin esperanzas. Lo que es peor, muchos hombres y mujeres con talento son víctimas de su propia ignorancia porque no han encontrado a una persona como tú para aconsejarlos y enseñarlos a leer y a escribir o simplemente instruirlos en eso que tú dominas tan bien. ¿Por qué no inviertes una tarde de tu tiempo cada semana en enseñar a otros lo que Dios te dio por gracia?.
Tú eres un ser especial, no lo dudes. Dios te ha dado muchas cualidades que te hacen único, y si no las compartes ¿de qué te valen?. ¡Atrévete a demostrar tu amor por la vida! sin miedo y con seguridad, hoy mismo, abre tu puerta al amor y ayuda a otros a salir de la esclavitud. Para eso Dios te ha creado y para eso te dio los dones y talentos que te ha regalado. Adelante Moisés, es hora de que guíes al pueblo de Dios a la tierra prometida.
Dios te bendiga.                                                                 

17 de enero de 2011

Dominiland: País de las maravillas.

Ya una vez, años atrás, el rey Afrini perdió el reino de  Dominiland,  de manos de Calvini  de Guraviña. El pueblo estaba hastiado de su mala gobernación y no salió a defenderlo. Por el contrario, aquel pueblo nunca había manifestado abiertamente tanta efusiva alegría y desbordado alboroto como el día en que se supo que Calvini de Guraviña había logrado la conquista del palacio. La emoción colectiva, solamente comparable con el ascenso al trono de Segismundo en “La vida es sueño” de Calderón de la Barca, era más que evidente en el pueblo de Dominiland.  La muchedumbre bailaba a ritmo de la más reciente obra clásica de la Banda Chula, “ay que olla”, la cual convirtió, momentáneamente, en un segundo himno nacional.
“La malaria invadió nuestros bolsillos”, se quejaba la plebe. Frases como: “Frenando en el aro”,  “jalando aire”, “sin ni uno”, “atrás del último”, y claro está…  “en olla”, ocupaban los primeros lugares del top ten sincrónico coloquial en la cotidianidad del reino de Dominiland. Dichas frases solamente eran superadas por el protervo nombre de “Buquí solitario”, mote con que el pueblo bautizó a los berengenistas desde el momento en que estos tomaron el poder pues ni siquiera las migajas de pan sobrantes de sus banquetes caían donde el populacho las pudiera coger. Por esa razón el pueblo aprobó que el rey Calvini de Guraviña tomara para sí el palacio de Dominiland. Confiado y emocionado, el monarca de Guraviña cometió el error de su vida. Permitió que el derrocado rey de Dominiland intercambiara su propia libertad por la de sus siete más cercanos colaboradores, los cuales fueron enviados a las mazmorras de una sucia y oscura cárcel en medio de la nada. Nunca más serían mencionados y ninguno podría limpiar su reputación. El rey destronado huyó despavorido hacia una residencia ubicada en la falda de una montaña con forma de globo. Como es normal en este tipo de acontecimiento, quedándose casi solo, Afrini estaba rodeado por unos pocos amigos quienes le agradecían el no haberlos entregado junto a los otros siete. Pacífico Medín, a quien Afrini intentó ceder su trono en un desesperado e infructuoso intento por librarse de la furia del pueblo, le rendía el último informe oficial contenedor de la negación del rey Joaco de Navarria de autorizar que sus 24mil soldados navarristas  lucharan al lado de los berenjenistas para evitar la consumación del ascenso al trono de Calvini de Guraviña. El rey Joaco   le explicó que él necesitaba su  ejército intacto para protegerse, y agregó que con los 50 mil hombres que componían  el ejército de Calvini, de todos modos sería muy cuesta arriba vencerlo y no estaba dispuesto a correr ese riezgo. “¿Me oyes o no me oyes?”, fue lo último que el nonagenario Jerarca preguntó a Pacífico Medín antes de que este desistiera de seguir implorando.  Pacífico y sus acompañantes abandonaban el despacho de Joaco lentamente. Todavía no se había cerrado bien la puerta cuando Pacífico se vio tentado a volver sobre sus pies y hacer un último intento de convencer a su anfitrión, pero escuchó claramente cuando el sabio caudillo decía a su asistente, Malindo Alpes, “esta gente cree que todos los días son de fiesta. La otra vez los apoyé para que Negrito Peñón de Creolina no ganara la guerra y no trajera toda su gente a vivir a Dominiland. Tampoco apoyé a Pelo Liso porque si ese ganaba, aún siendo de los míos,  me cortaba el agua y la luz...”. Malindo Alpes se dio cuenta que la puerta tardaba en cerrarse y caminó hacia ella sin dejar de escuchar lo que su jefe decía.  “…Le advertí a Afrini que le prestaría mi cotorra para que le diera no más de cuatro vueltas por el patio, sin mareármela, y me la devolviera con todo y corona, se hizo el loco y no me devolvió ninguna de las dos.  ¡Que cojan ahí.!    . Malindo Alpes cerró la puerta de un empujón y por poco hace que Pacífico se vaya de boca, si no es por la enana real que  lo ataja con la escoba, se cae al suelo.
Luego de relatarle lo sucedido a su amigo Afrini y de escuchar sus lamentos,  dijo  discretamente,  “Afrini,  quédate tranquilo que como quiera yo siempre te llevo en mi corazón.” y le pasó un pañuelo purpúreo para que secara sus lágrimas y el sudor de su frente.
A lo lejos, podía escucharse el tema de moda repetido una y otra vez por los seguidores del nuevo rey; “Ay que ollaaa, ay que ollaaaa….”. Afrini meditaba para sus adentros con aire adusto y solemne, semejante al que Alexandre Dumas confiere a Edmundo Dantés en su obra “El Conde de Montecristo.”, y sentenció que si algún día volvía al poder, se encargaría de que “Nelson de la Olla” no volviera jamás a pegar un tema en la radio. Tan profundamente absorto estaba en sus pensamientos que sin darse cuenta ya estaba moviendo el pié derecho al compás del dichoso tema. Al percatarse de lo que hacía, miró rápidamente de un lado a otro para comprobar si era observado, pero todos estaban cabizbajos, pensativos y adoloridos, nada habían notado. Afrini se llevó las manos a la greña y coincidencialmente al mismo tiempo que el intérprete del tema musical que en el fondo se escuchaba,  gritó a los cuatro vientos ¡Dios mío, que olla!.

Esta historia continúa en: Dominiland. 2da parte.