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5 de agosto de 2012

Le llaman amor.



Primer acto. Se abre el telón. La desnudez de una ninfa que despierta escuchando firmes pasos de una vida masculina que se acerca. Son dos… ella y él… El rastro de unos dedos en su piel… cosechador de suspiros escondidos que hoy deciden brotar desinhibidos al umbral donde se vive, al portal donde se siente.
Suspiros que copulan con el viento, revelándole sus íntimos secretos. Él escucha callado, a su lado… enamorado.
Epidermis que reacciona, se agita, revive, se eriza… susurrante imploración emiten sus poros, ruegos provocantes que invitan a recorrer cada pulgada de Su ser… maravilloso amor de mujer.
 Él, invade su territorio cuan Napoleón sin Waterloo. Se escuchan los cañones detonantes de un rival que no cede en retirada… batalla que no hiere ni lastima, que no explica, que no entiende… sólo estalla.
Humedad silenciosa que se impone, silencio que inevitablemente llegaría a reinar.
Otoño sin invierno, ríos sin mar alguno donde desembocar… amor eterno, amor perfecto, amor sin final.
Espacio dormitante. Vacilante peregrino preñado de incredulidad, cierra los ojos, deduce que lo visto es imaginación fugaz que la vida desvanece. Se niega a creerlo, se conmueve, se enternece, se estremece sucumbiendo al innegable llamado de Morfeo. Cae el telón.
Segundo acto. Se abre el telón. Sin conquistas ni sumisión. Pacto sólo comparable al que hace quinientos años hiciera Isabel con Aragón, para oponerse al impío, para obtener protección.
Muro de Berlín que yace destruido y muestra una sola Germania unificada. América sin fronteras, donde no hay tierras lejanas.
Eran dos que hicieron nudo. Sentimientos extraños que derribando barreras han llegado a ser uno. Uno que ama, uno que siente, uno que vive.
Uno que exhibe al mundo la evidencia de que el amor aún existe.
Retoño que florece esperanzado en que esta vez no morirá crucificado. Porque el amor ha vencido. Porque el amor ha ganado.
Es la vida que nace cada día, es aliento divino que la forma a cada instante, es el agua, es el viento, es el fuego, es la tierra.
Es la vida que vive sin esconder su nombre… le llaman amor. Cae el telón.

31 de julio de 2012

Y mi pluma dormía.

Días escasos de sensible ternura para inspirar mi pluma.
Días rellenos de ruidos mundanales distractores del ingenio de tiempos fecundos de métrica y rima.
Días alegres que rebosan mi copa de embriagante almíbar y derrochan sudorosos suspiros de placer entre los pliegues de mi cama… de mañana, de noche, de madrugada…
Días, días, días. ¿Quién ha tomado mi pluma?
¿Habrá sido la Una? A quien de tanto escribir mis enamoradas odas pudo haber sustraído de mis dedos toda sangre deseosa de exclamar la presencia del amor en mi ser. Amor que una vez cayó al insondable vacío buscando asirse del viento burlón que compuso entre versos desafinados el himno de lo que ya se ha olvidado.
Una… Amada e inmadura Una.
Más probable es que haya sido la Tres. Nunca creyó en el torrente abrasador contenido en las estrofas de mis pensamientos de amor y en vez de asimilarlas tal y como las leía, intentaba explicarlas con la más absurda de las filosofías y así se desvaneció quien pudo ser para siempre reina de la vida mía.
Prueba fehaciente de que la madurez es ninguna garantía en cuestiones de amor.
O la Dos. Tanta incertidumbre  plasmó en mi cuaderno. Escritos tan tristes que hoy ni los recuerdo. Fueron sustituidos por aquellas intrigantes miradas que con asedio pregunbtaban si en realidad la amaba.
Como si el amor pudiera pesarse en vulgar balanza medidora de sentimientos... ¡Tontos lamentos!
Dos... pensando siempre en la Una distanciada y olvidada, mientras acusaba a la Tres, la nada que transformaba pasión ardiente en heladas veladas.
Ni la Una, ni la Dos, ni la Tres. Mi pluma sólo dormía y ha despertado justamente en este día.

14 de octubre de 2011

La Tercera Vez.

Jaime se atrevió una vez más. Tantas veces se había repetido que jamás volvería a cometer un error semejante. En dos ocasiones se vio “obligado” a visitar las casas de los progenitores de sus antiguas novias,  Jaime lo consideraba anticuado pero ambas veces fue amenazado del retiro de todos sus privilegios sentimentales si no acedía a la sutil invitación. Su novia actual, Verónica, le dio un ultimátum; Cenas con mis padres o lo dejamos. Jaime no tuvo opción.  Allí estaba, camino al cadalso.
Tomó dos veces la autopista equivocada sin proponérselo. Sus pensamientos sobre el tema eran tan profundos que le impedían abstraerse de esa mezcla de pasado y futuro inmediato donde el presente a veces se pierde y queda atrás, olvidado, cuan juguete abandonado en el parque.
La segunda vez que se equivocó quiso tomarlo como un mensaje divino que le indicaba que no debía asistir a aquella cena. Buscando una salida donde pudiera devolverse se encontraba cuando sonó su celular. La voz de Verónica pretendía estar tranquila pero Jaime la conocía, o al menos eso creía. Llevaba siete meses y medio envuelto en lo que él y Verónica denominaban un “terruño de amor.” Después de un año de conocerla en el gimnasio, dos o tres salidas, una discusión tonta, dos meses sin hablarse y “la segunda oportunidad,”que existía desde hacía siete meses y medio, claro que la conocía. Por eso supo que si no llegaba a la cena sería mejor que no volviera a llamarla, incluso sopesó esa posibilidad aún estando a pocas cuadras de la casa de sus suegros. El celular volvió a sonar en el auto de Jaime. Sí Verónica, estoy aquí, buscando donde parquearme, sí, yo también te quiero. La conversación fue breve. Justo a tiempo para que Jaime estacionara su auto en el único lugar disponible de toda la cuadra. Bajó del auto, flores para la doña, una botella de vino para el don y unos chocolates para Verónica. Algunas cosas nunca cambian, pensó Jaime en aquel momento. Trató infructuosamente de convencer a Verónica de que eligieran otros presentes con los cuales agradar a sus padres en su primera visita formal, pero ella insistió en que una botella de vino y unas flores serían las llaves que abrirían la puerta de una buena impresión a sus padres, lo considerarían educado y amable.
No pudo decirle a Verónica acerca de su primera visita de este tipo. Su novia de entonces hizo exactamente la misma exigencia, flores para halagar a su madre y una botella de vino para su padre. En aquella ocasión el padre de la chica no hablaba mucho pero miraba a Jaime fijamente al rostro con aires de solemnidad mientras la señora del hogar hablaba sin parar, no se calló en toda la noche.
Son sólo malos recuerdos, se dijo para sí mientras caminaba hacia la casa de Verónica. No pudo menos que sonreír al recordar la clase de literatura que doña Eduvigis ofreció luego de la cena, para rematar cantando operas de Verdi, Roji, Marrony y todos los demás colores. Sí, ciertamente ahora le parecía cómico todo aquello. Sus amigos todos le advirtieron que se alejara de esa chica. Cuando sea vieja será igualita a su madre, algunos decían, yo que tú no me confiara con el carácter aparentemente tranquilo del don… ese tipo de gente es peligrosa, dijo uno de los muchachos en tono de broma. La verdad es que solamente duró dos semanas saliendo con Carmen Rosa después  de aquella primera visita. Quizás habrían durado algo más si Carmen Rosa y su madre no hubieran llegado al acuerdo de que Jaime la acompañaría a visitarla todos los sábados en la tarde. El primer sábado le dio una excusa y el segundo sábado le advirtió que por nada del mundo volvería a sentarse dos horas a escuchar ópera desafinada mientras el señor silencio trataba de sacarle una radiografía a su alma a través de sus ojos. Eso fue todo. Carmen Rosa le dijo que si no quería a sus padres entonces no la quería a ella. Nunca más volvieron a verse. Jaime tampoco pudo olvidar aquella cena.
Ahora, por tercera vez, se dirigía a un encuentro de aquella especie. Verónica siempre hablaba de ellos, su madre era profesora, gracias a Dios de matemática, fue todo lo que Jaime dijo al escucharlo, Verónica nunca entendió la adversión de Jaime a la literatura y él tampoco trató de explicarle cosa alguna. El padre de Verónica, según ella, era un hombre tranquilo pero gustaba de hablar de deportes y política, Jaime leyó todos los resultados deportivos del día para estar a la par con el viejo, por si acaso. Con la doña no iba a hablar absolutamente cosa alguna que tuviera algo que ver con la matemática, no fuera a revivir el álgebra de  Baldor, los razonamientos pitagóricos o ¿quién sabe? A lo mejor se habla de Newton, Einstein, y demás sabios solamente a la hora del postre. Jaime volvió a reír en complicidad consigo mismo mientras intentaba refutar sus irónicas comparaciones.
La segunda vez fue todo muy diferente. Los padres de  Katiuska eran una fiesta eterna. Reían a carcajadas entre ellos todo el tiempo. Se contaban chistes y se jugaban bromas constantemente, nunca se separaban. Los conoció apenas un mes y unos días luego de haber conocido a su hija. Ella le invitó a una parrillada en el patio de su casa y él aceptó gustosamente. Se presentó en casa de Katiuska e inmediatamente fue abordado por la madre de esta. Mi hijo, ustedes están jóvenes todavía ¿es verdad que ustedes son novios?. Jaime no estaba preparado para esa pregunta, Katiuska y él decidieron que se conocerían mejor antes de dar un inicio formal a lo que parecía una fuerte atracción entre ellos dos. Sí, se habían besado en el cine pero eso no los hacía novios ¿o sí?. Doña Catalina, la madre de Katiuska, lo sacó de su ensimismamiento   formulándole la misma pregunta otra vez, a lo que Jaime contestó: Señora, creo que a quien debe preguntarle es a su hija...  ya lo hice, contestó ella, mi hija dice que ustedes son novios. La silueta reflejada a través de la cortina que Jaime veía al fondo de la sala era la evidencia más clara de aquella emboscada. Muchos años más tarde se preguntaría ¿por qué dije que sí?, lo normal habría sido que en aquel mismo instante pidiera disculpas y se retirara educadamente pero hizo todo lo contrario a lo que su interior imploraba a todo grito. Sí señora, si su hija dice que somos novios es porque lo somos. Hasta él mismo creyó que así lo era.
Esta historia continuará…

24 de junio de 2011

Amar y querer.

Es tanto lo que se ha escrito sobre el tema que pudiera tenerse la impresión de que todo está dicho, de que todo está claro. Sin embargo los intentos realizados por poetas, escritores, enamorados y todo tipo de personas por definir el amor y luego encontrar una diferencia definitiva entre el amar y el querer, por lo regular termina en un indescifrable laberinto.
Los académicos ponen a nuestra disposición las palabras, que según ellos, definen estos sentimientos. Ese es su trabajo y tienen la autoridad para llevarlo a cabo. Mas, si leemos lo que ellos dicen nos damos cuenta que las palabras no alcanzan a describir con precisión el cúmulo de sensaciones que invaden nuestro ser cuando sentimos amor por alguien.
Poetas y compositores se han puesto de acuerdo en señalar que querer no es lo mismo que amar. El amor es intenso y duradero, el cariño puede ser superficial y pasajero. Se siente cariño por cualquier cosa sin llegar a amarla, pero cuando se siente amor por alguien… se encierra dentro de ese amor todos los tipos de sentimientos conocidos por el hombre. El amor es intensamente profundo, el cariño suele ser frágil y puede llegar a perderse y olvidarse.
No. No he pretendido describir con palabras el verdadero significado del amor, no soy tan ingenuo. Solamente pretendo expresar lo que verdaderamente siento. El amor es lo mejor de toda la creación y es lo único que vale la pena cultivar incesantemente, en todas las temporadas y bajo todas las circunstancias.
¡Amémonos hoy!

14 de mayo de 2011

Dominiland. Parte final.

 
Llegó el día esperado, y al igual que en "Crónica de una muerte anunciada", Calvini fue el último en enterarse que la sartén en la cual habían de freírlo bullía repleta de aceite ardiente. Descubrió horrorizado que lo habían engañado cuando observó la muchedumbre que se agolpaba en las afueras del palacio real gritando enardecida ¡La calle está dura, no queremos acera!, bajó de dos zancadas los escalones de la torre y corrió hacia su despacho vociferando  "Pailón, Pailón ¿dónde están los papeles del convenio real para los mercaderes?, les voy a dar todo lo que ellos piden". Pero Pailón, mano derecha de Calvini de Guraviña, estaba concentrado enviándole un email a Felino el Gato Barrigaverde, miembro del séquito de Afrini, "Ya tú sabes Felino, recuérdale a tu jefe que el rey Calvini lo perdonó una vez y ahora está obligado a hacer lo mismo con él y  que tenga en cuenta que sin mi ayuda muy difícil le hubiera sido volver a palacio. A la menor oportunidad quiero que me nombren Conde de Compostelina con asiento en el parlamento por seis años seguidos." dio un clic en "enviar" justo en el momento en que el rey Calvini abruptamente irrumpió en su oficina real. "Pailón, Pailón, estamos rodeados por todos lados, hay que pelear hasta morir" (porque era guapo de verdad este Calvini) y mientras esto decía se apresuraba a sacar del armario su vieja carabina y le pedía a Pailón el 3m para limpiar el óxido. Pailón permaneció inmutable en su escritorio, Felino le había asegurado una ruta de escape segura para que condujera   a su rey sano y salvo hasta su pequeño castillo en Cristobaléa. "Majestad, debemos salvar nuestras vidas, conozco un camino, saldremos por el túnel secreto que Ud. Y yo conocemos y… ", el rey Calvini no lo dejó terminar "deja de hablar disparates Pailón y vamo a peleai carajo ", hacía tiempo que no le salían las íes   de Guraviña pero aquel día estaba fuera de sí. Salió corriendo por todo el palacio llamando a sus consejeros y amigos "Guidiiiiín, Mily Bochina, Fellini carajo ¿dónde están toditos?". El palacio estaba solo y vacío, Pailón había mandado a poner a salvo a la reina y a los hijos del rey para que nada les pasara, solamente quedaban  ellos dos y algunos guardias reales de confianza, Calvini se sentó en las escalinatas reales con los ojos aguados de la rabia que le causaba la impotencia que sentía en aquel momento y susurraba "Eso fue culpa de Campín el Cacique, jodío cacique del carajo si sé le dejo gobernando las cortes reales ", pero era muy tarde, la humareda inundaba los pasillos palaciegos y Pailón se acercó a Calvini, puso su mano en el hombro de este y le dijo, "Su Majestad, tenemos que irnos, el carruaje nos espera". Calvini se puso en pié y comenzó a caminar despacio sin soltar la carabina y sintiéndose derrotado. De repente se detuvo y miró a su lacayo a la cara mientras preguntaba "Pailón, ¿Tu crees que si no hubiera yo botao al comandante  Pepito los soldados míos hubieran peleado mejor?", Pailón no respondió la pregunta y se limitó a decir "Su Majestad… salgamos pronto de aquí".
 
El tiempo pasa rápido en todos los sitios pero en Dominiland el tiempo anda en un fórmula 1  y pasa más rápido que las 500 millas de Indianápolis. Y aunque el tiempo seguía pasando, Afrini seguía cantando "Pa Palenque es que vamos, pa Palenque es que vamos". Tenía motivos para celebrar, por siete años consecutivos se había burlado del pueblo de Dominiland, sirviéndose con la cuchara grande como todo un comesolo. Ya ni envidiaba a los italianos que tanto poder económico tenían en Dominiland y aunque sabía que su final estaba cerca, porque ya el pueblo se había cansado de él y su afro, todavía le quedaba una esperanza futura. Esa tarde haría una visita muy especial.
El carruaje de Afrini llegó a su destino; la comarca de Cristobalea. Tímidamente bajó del carruaje e, indicándole a sus guardaespaldas que lo esperaran allí, comenzó a caminar hacia el interior de la enorme residencia donde habían llegado. Escuchó música desde el patio trasero y caminó hacia allá. Un perico ripiao sonaba a todo volumen en un equipo de música. Sentado en una silla de guano, con un sombrero de paja, una chacabana y los pantalones remangados,  estaba Calvini en persona, fajao comiendo mango y dando alaridos al compás del perico ripiao.
Calvini mecía su silla cada vez que se agachaba a coger un mango de la cubeta que tenía al frente. En uno de esos movimientos fue cuando percibió su inesperada visita. ¡Pollito! Gritó Calvini mientras reía, a lo que Afrini contestó con la misma emoción ¡Mi burro favorito! Y se estrecharon en un abrazo fraternal.Calvini embarró de mango la camisa de Afrini pero a este no le importó, tenía asuntos importantes que hablar con Calvini ¿Qué importaba ensuciarse la camisa ? 
Toda la tarde discutieron su plan de alternarse , hasta que murieran, el poder de la tierra de Dominiland. Calvini le hizo prometer que no volvería a querer quedarse en el poder ´por más de cuatro años seguidos, Afrini levantó su mano derecha y dio su palabra de honor de que así lo haría, hacía esto mientras tenía los dedos cruzados en la espalda,y ambos volvieron a abrazarse.Pasaron la tarde comiendo mango en Cristobaléa  y señalando cada detalle de sus planes. Se creían los dueños del destino, se sentían enlazados como dos grandes amigos. Sus ambiciones desmedidas les impedían ver lo que les esperaba. Aquella feliz tarde ninguno lo imaginaba.
Un año más tarde Afrini fue echado a patadas del castillo, su amigo Calvini tampoco pudo volver a gobernar. Un nuevo monarca dominó a Dominiland y encerró a casi todos los colaboradores de los dos. Dominiland por fin comenzó a progresar; sin jachistas, sinberenjenistas ni navarristas el pueblo encontró su propio camino. Tomó esfuerzo reparar todo lo que los anteriores gobiernos habían hecho tanmal pero poco a poco lo lograron. Una vez sacaron de su presente a todos aquellos corruptos,  en todo el planeta no hubo nación más feliz que el reino de Dominiland.  

9 de mayo de 2011

Éxtasis.


Eres la respuesta a miles de preguntas,
la certeza inconfundible de que dios no me ha olvidado.
Yo jamás había sentido tantas emociones juntas,
besando tus labios pienso que estoy libre de pecados.

Siento que eres tan grande como mi propia existencia,
luego siento que soy nada si me sumerjo en tu esencia.
Se diluye mi sustancia, se confunde con la tuya,
la misma naturaleza nos observa, nos estudia.

Nos miran maravillados los ángeles celestiales,
indagan, buscan, no encuentran ¿quiénes somos? ¡Nadie sabe!
Hoy sé que tengo otro nombre, aunque nadie me lo ha dicho, sintiéndome más que un hombre, ¡lo que nunca se había visto! Señalado o elegido, no importa, si estoy contigo.
¿Rey? ¿Bufón? ¿Loco perdido? Hoy me río del destino.

Insomne amor.

No se duerme en este lecho, está comprobado.
El tiempo se suspende indefinidamente,
Cuandoestás en mi cama,  a mi lado.
Mi emoción disputa con el dios del sueño,
la posesión de mi propia intimidad.
desplazándolo sin contemplación,
le advierte que se vaya, que no regrese más.
El dueño de la noche se retira sonriente,
seguro de que volverá.
Cuando el cansancio sea mayor que nuestras libidinosas fuentes, entonces nos conquistará.
Desconoce que está mas allá de la pasión este nudo que nos ata... que regrese en unas cuantas noches,
quizás podamos dormir profundamente.
Pero esta noche no, esta noche, estoy seguro,
en esta cama nadie duerme.

Todo y nada.


Somos la partitura musical más perfecta al conversar.
Cuando me besas, cuando me miras, así tan fresca,
tan atrevida, invitándome a amar,
bien sabes que no, no me podré negar.
Eres autoridad manifiesta a la que todos se sujetan,
reinado deslumbrante que nadie objeta.
Tu piel y la mía, sintonizan la frecuencia de la emisora del cielo, es allí donde te veo, por ti espero, eres mi cielo, mi único cielo. Fin de mi firmamento, mi horizonte, mi terrible tormento.
Inmensa burbuja de amor y dulzura,
deja que yo sea tu sol, conviértete  en mi luna.
La única luna hermosa de todo el universo,
tienes luz propia, en tu piel no existe invierno.
Tampoco llega el otoño, tu lozanía lo espanta.
Tan solo la primavera te conoce de veras,
en las mañanas que despiertas floreciente, tranquila, callada, con un mirar tan dulce que asemeja el trinar de los gorriones, amor mío, dueña de mis amores.
el verano también te ha conocido,
es el pequeño secreto que los dos compartimos,
vive en ti sumergido, cálido, perfecto, dentro de ti,
donde vive nuestro amor, en mi terreno, donde duermo
y otras muchas veces me desvelo
en el ángulo formado por la esquina de tu alma y la punta de mi corazón.

26 de abril de 2011

La reina está sola.


La reina está sola.
La veo al caminar por los pasillos del palacio... siempre sola.
Su sonrisa misma es triste,
se ve tristeza en la tersura de sus labios,
se nota levemente la tristeza que ha invadido su mirada.

Todos están vendados, no se dan cuenta de nada.
No pueden notar, como lo hago yo,
que sus ojos se pierden vagamente en la lejanía,
ignoran que su dulce mirada no los mira,
en realidad no los mira, sino que desvaría.

Allí en el laberinto de su imaginación vive de fantasías,
de la más bella ilusión por ser humano concebida...
¡Esa mirada es mía!
Por pasadizos secretos se desplaza En las oscuras madrugadas, iluminada solamente por la  luna,
andar sereno...
parece flotar al compás de la sinfonía divina que escuchan sus sentidos,
¡Regalo del cielo! Se siente dichosa, se sabe elegida...
pero está sola.
Tan sola que el mismo viento quiere hacerle compañía,
tan sola que las estrellas agonizan de nostalgia cuando a lo lejos la miran.
Tan sola... tan sola y tan mía.

Majestuosa se ilumina su faz al contemplar sus jardines,
el aroma de las rosas le devuelve los recuerdos infantiles, cuando su padre era el rey y ella una tierna princesa...
las rosas inundaban temprano su habitación,
con delicados olores que hablaban de poemas
y conversaban de amor,
renace la niña que habita en su interior,
parece ruborizarse al descubrir que puede ser feliz todavía,
sus anhelantes deseos,
su sueño de completar su dicha con el amor
aun conserva a flor de piel, inherentes a su ser.
Se permite dejar de ser reina para sentirse mujer,
en esos breves instantes recupera su alegría,
olvida que ha estado sola, se ríe de la vida.
Apenas una sonrisa.
Está feliz, de comprobar que aún está viva.
La reina... Está tan sola, tan sola. Siendo tan mía.

14 de marzo de 2011

Me gusta tu piel.


De Ismael De La Cruz.

Me gusta tu piel... esa mezcla evidente de tus antepasados, reflejada en cada centímetro de tu epidermis.
Ese tono luminoso y opaco a la vez, resulta fascinante para mis ojos ávidos de contemplaciones bellas, hermosas, sutiles y tiernas.
Tu piel despierta en mí ser, ese afán de conocer, de adentrarme y recorrer el laberinto de tus poros, cuán si fueran fuentes inagotables de conocimiento.
Conocer sin intentar poseer, sin intentar comprender... es como iniciar sin saber el final, sin permitir que te llegue a preocupar.
Disfrutar armoniosamente, sin el más leve acceso del temor a fracasar... avanzar e improvisar, improvisar y soñar. Soñar que mi único objetivo en la vida es el de saborear sin cesar aquello que me gusta tanto. Me gusta tu piel.
Tomado de mi libro: El amor del desamor.

17 de enero de 2011

Dominiland: País de las maravillas.

Ya una vez, años atrás, el rey Afrini perdió el reino de  Dominiland,  de manos de Calvini  de Guraviña. El pueblo estaba hastiado de su mala gobernación y no salió a defenderlo. Por el contrario, aquel pueblo nunca había manifestado abiertamente tanta efusiva alegría y desbordado alboroto como el día en que se supo que Calvini de Guraviña había logrado la conquista del palacio. La emoción colectiva, solamente comparable con el ascenso al trono de Segismundo en “La vida es sueño” de Calderón de la Barca, era más que evidente en el pueblo de Dominiland.  La muchedumbre bailaba a ritmo de la más reciente obra clásica de la Banda Chula, “ay que olla”, la cual convirtió, momentáneamente, en un segundo himno nacional.
“La malaria invadió nuestros bolsillos”, se quejaba la plebe. Frases como: “Frenando en el aro”,  “jalando aire”, “sin ni uno”, “atrás del último”, y claro está…  “en olla”, ocupaban los primeros lugares del top ten sincrónico coloquial en la cotidianidad del reino de Dominiland. Dichas frases solamente eran superadas por el protervo nombre de “Buquí solitario”, mote con que el pueblo bautizó a los berengenistas desde el momento en que estos tomaron el poder pues ni siquiera las migajas de pan sobrantes de sus banquetes caían donde el populacho las pudiera coger. Por esa razón el pueblo aprobó que el rey Calvini de Guraviña tomara para sí el palacio de Dominiland. Confiado y emocionado, el monarca de Guraviña cometió el error de su vida. Permitió que el derrocado rey de Dominiland intercambiara su propia libertad por la de sus siete más cercanos colaboradores, los cuales fueron enviados a las mazmorras de una sucia y oscura cárcel en medio de la nada. Nunca más serían mencionados y ninguno podría limpiar su reputación. El rey destronado huyó despavorido hacia una residencia ubicada en la falda de una montaña con forma de globo. Como es normal en este tipo de acontecimiento, quedándose casi solo, Afrini estaba rodeado por unos pocos amigos quienes le agradecían el no haberlos entregado junto a los otros siete. Pacífico Medín, a quien Afrini intentó ceder su trono en un desesperado e infructuoso intento por librarse de la furia del pueblo, le rendía el último informe oficial contenedor de la negación del rey Joaco de Navarria de autorizar que sus 24mil soldados navarristas  lucharan al lado de los berenjenistas para evitar la consumación del ascenso al trono de Calvini de Guraviña. El rey Joaco   le explicó que él necesitaba su  ejército intacto para protegerse, y agregó que con los 50 mil hombres que componían  el ejército de Calvini, de todos modos sería muy cuesta arriba vencerlo y no estaba dispuesto a correr ese riezgo. “¿Me oyes o no me oyes?”, fue lo último que el nonagenario Jerarca preguntó a Pacífico Medín antes de que este desistiera de seguir implorando.  Pacífico y sus acompañantes abandonaban el despacho de Joaco lentamente. Todavía no se había cerrado bien la puerta cuando Pacífico se vio tentado a volver sobre sus pies y hacer un último intento de convencer a su anfitrión, pero escuchó claramente cuando el sabio caudillo decía a su asistente, Malindo Alpes, “esta gente cree que todos los días son de fiesta. La otra vez los apoyé para que Negrito Peñón de Creolina no ganara la guerra y no trajera toda su gente a vivir a Dominiland. Tampoco apoyé a Pelo Liso porque si ese ganaba, aún siendo de los míos,  me cortaba el agua y la luz...”. Malindo Alpes se dio cuenta que la puerta tardaba en cerrarse y caminó hacia ella sin dejar de escuchar lo que su jefe decía.  “…Le advertí a Afrini que le prestaría mi cotorra para que le diera no más de cuatro vueltas por el patio, sin mareármela, y me la devolviera con todo y corona, se hizo el loco y no me devolvió ninguna de las dos.  ¡Que cojan ahí.!    . Malindo Alpes cerró la puerta de un empujón y por poco hace que Pacífico se vaya de boca, si no es por la enana real que  lo ataja con la escoba, se cae al suelo.
Luego de relatarle lo sucedido a su amigo Afrini y de escuchar sus lamentos,  dijo  discretamente,  “Afrini,  quédate tranquilo que como quiera yo siempre te llevo en mi corazón.” y le pasó un pañuelo purpúreo para que secara sus lágrimas y el sudor de su frente.
A lo lejos, podía escucharse el tema de moda repetido una y otra vez por los seguidores del nuevo rey; “Ay que ollaaa, ay que ollaaaa….”. Afrini meditaba para sus adentros con aire adusto y solemne, semejante al que Alexandre Dumas confiere a Edmundo Dantés en su obra “El Conde de Montecristo.”, y sentenció que si algún día volvía al poder, se encargaría de que “Nelson de la Olla” no volviera jamás a pegar un tema en la radio. Tan profundamente absorto estaba en sus pensamientos que sin darse cuenta ya estaba moviendo el pié derecho al compás del dichoso tema. Al percatarse de lo que hacía, miró rápidamente de un lado a otro para comprobar si era observado, pero todos estaban cabizbajos, pensativos y adoloridos, nada habían notado. Afrini se llevó las manos a la greña y coincidencialmente al mismo tiempo que el intérprete del tema musical que en el fondo se escuchaba,  gritó a los cuatro vientos ¡Dios mío, que olla!.

Esta historia continúa en: Dominiland. 2da parte.